DEFTONES Y LA ERÓTICA DEL EXTRARRADIO. FERNANDO SÁNCHEZ

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Hay un elegantísimo texto de 2019 que lleva por nombre Antropología de las Ruinas. Desestabilización y fragmento (1). Las  autoras de tan loable discurso son Francisca Márquez, Javiera Bustamante y Carla Pinochet. “La hipótesis que articula este artículo sostiene que la ruina es un factor de desorden y desestabilización que con frecuencia desafía la traza urbana en tanto dispositivo de control de la naturaleza y los cuerpos que por ella deambulan”, afirman.

En el background de esta sugestiva reflexión, existe por otra parte un no menos atractivo planteamiento de una nueva realidad ultradialéctica, de un espacio “complejo” de fricción y de batalla, de encanto, de temor, de reinvención o reescritura de un pasado auténtico, “un espacio privilegiado [comentan] para comprender la miríada de proyectos urbanos que confluyen en sus formas […] Un desplazamiento que por cierto posee una biografía y una trayectoria, en la que la materialidad se impregna de significados, imaginarios y afectos que bien pueden conducirlos a su fetichización”. Las antropólogas mencionan varios tipos de ruinas y, en particular, hablan de aquellas que provienen “de la limpieza social o del higienismo urbano que, en pos de la especulación inmobiliaria o el proyecto de una ciudad de clase mundial o globalizada, no trepida en barrer y borrar de su mapa antiguos y deteriorados barrios”.

Fuente: portada de Postpoesía. Hacia un nuevo paradigma.

Según la Real Academia Española, un extrarradio es una “parte o zona exterior que rodea el casco y radio de una población”. En base a los criterios de la R.A.E. y a los propios fenómenos de (des)urbanización, “extrarradio” destila por una parte, naturaleza espacial (hace referencia a un ámbito relativamente concreto y de extensión variable) y se edifica por otro lado sobre un importante substrato peyorativo (por tradición y en buena parte del imaginario popular urbano, los extrarradios son considerados áreas marginadas y empobrecidas que suscitan inquietud, rechazo o repulsión). Con todo y en cualquier caso, ambas credenciales estarían asociadas a las clásicas nociones de afuera o periferia.

Pese a ello, no todo dentro del ámbito extrarradial es exterior o perímetro. Cada vez estoy más convencido de que la ruina o el escombro puede hallarse debajo de nuestros centros neurálgicos o, por extensión, en lo más profundo de nosotros mismos, que somos los que interpretamos el muro, el arco o la bóveda, o los que nos dejamos llevar por el ambiente presuntamente tétrico o místico del edificio o del cuerpo abandonado a su suerte.

En lo que a mí respecta, ando a vueltas (con mayor frecuencia) con el concepto ruina “fetiche”, que no sólo hace referencia a una visión cosmética del contexto. También se filtra hacia lo más profundo de un significado que va más allá de lo urbano y que merece al menos una somera explicación, sobre todo si nos ponemos de cara frente a esa “realidad ultradialéctica” antes mencionada. En definitiva, se trata de una prospección a conciencia en esa relación de felicidad o angustia del ser urbano respecto a su entorno, una inmersión en esa frontera en constante metamorfosis que genera estabilidad y también inquietud y a la larga, vulnerabilidad.

Fuente: Deftones. Around the fur. CD.

Agustín Fernández Mallo (Postpoesía. Hacia un nuevo paradigma, 2009, una obra fundamental en mi opinión) define de una manera muy poética el concepto de extrarradio: “Y es que esas zonas que, en estricto, son artificiales y carecen de tradición […], esas franjas donde el tiempo se suspende, son los extrarradios, en los que casi siempre hay abandono, ruinas, o bien procesos en formación, construcciones aún sin acabar que vienen a ser unas ruinas inversas, pero también ruinas.” (2). Como prolongación o propagación de esta realidad más o menos física, sobreviene lo que yo denomino “extrarradio emocional”, que puede hallarse en cualquier parte. En este caso, hablaríamos de una noción, como digo, de frontera, de borde, que no deja de ser una terra incognita en lo más recóndito de nuestras sociofilias y sociopatías.

En la “franja”, pues, en la que se funden lo vehemente y lo estructural, hay otro artículo, magistral y no menos evocador, que lleva por nombre La poética de la ciudad futurible. Blade Runner y Código 46, escrito por Claudia Peñaranda Fuentes, arquitecta y especialista en urbanismo. “Hay  también en Blade Runner [escribe Peñaranda] una  perturbación  de  la  visión  habitual  que  consiste  en presentar lo moderno arruinado y esto estimula nuestro interés, aunque de otra manera”. Asimismo, en relación a la obra de Jean Cohen El lenguaje de la poesía (1982), ella nos hace saber que el autor “ofrece  una explicación sobre la cualidad poética de las ruinas: <<La ruina [afirma Cohen] es un oxímoro hecho piedra. Es presente-pasado,  mixto  de  ahora  y  antaño […]. Para  captar  la  poeticidad  de  las  ruinas,  no  es preciso  tener  grandes  pensamientos.  Solo  dejarse  invadir  por  esa  extraña  presencia  de  la ausencia y de su nostálgica pateticidad>>” (3)

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Fue entonces, bajo el manto protector de este hábito tan sugerente, tan exótico y tan magnético, cuando entendí el significado (o al menos uno de los significados) de la indeleble canción Be quiet and drive (far away), compuesta por la banda norteamericana Deftones (Around the fur, 1997). Del placer musical pasé al rodal del entendimiento y a la comprensión, que a la larga parece resultar más fructífero.

Fuente: Deftones. Around the fur. CD.

En Nación Rock, Patricio Avendaño R. (2017), escribe sobre ella que es “una canción de escape por excelencia, no tiene mayores acertijos ni segundas lecturas” y manifiesta que la “letra de Chino Moreno [el vocalista] […] invita a evadirse de la realidad o a dar un paseo largo por donde sea” (3). Es un tema que, como bien dice Avendaño, se ha elaborado para dejar de lado las preocupaciones, para subsanar los errores (el autor señala que muchos fans lo interpretan como la consecuencia inmediata de los excesos de su cantante) o para promover la meditación existencialista, la reinvención personal o la huida hacia otro momento o espacio.

La banda norteamericana de nü metal/rock Deftones (creada en 1988) es un quinteto musical extraordinario. En un vídeo de la canción indicada, sus miembros tocan el tema en estático, sin apenas movimiento, en el interior de un espacio enorme en ruinas abierto al exterior a través de una sucesión de columnas o pilares (el lugar parece una nave, una lonja, una estación abandonada, algo como Matadero Madrid, no sé). El ambiente de fuera es el propio de un día de lluvia y el suelo está encharcado. Es decir, Deftones ha sabido escoger los mejores ingredientes para su cocer su performance a fuego lento.

Nada es casual ni las movidas están puestas al azar. La canción se ha compuesto con apenas 7/8 frases y ellos, Deftones, tocan clavados al suelo, de ahí la idea de dependencia y subordinación a este recinto de cemento y hormigón en abundancia exagerada. El alma de Moreno lucha por liberarse de la materia, de sus propios miedos y de la prisión engendrada por la ruina, dentro de la cual tocan este teman tan auténtico. La ciudad es a su vez metáfora de esa cárcel. La geografía del instinto nos habría de llevar a la exégesis de este binomio angustia existencial/ruina magistralmente diseñado por la banda del cantante de Sacramento, a esa “poeticidad” a la que se refiere Cohen en lo que respecta a la cultura del abandono.

Fuente: Deftones. Around the fur. CD.

Si bien tiene su tronco y su pasado, teniendo en cuenta a todas horas además esa presunta irrelevancia de algo que parece resultar antiestético e inservible, da la sensación de que la ruina se transforma en algo más rizomático (y recíproco) en el momento preciso en el que confluye con las tribulaciones de alguien en especial, en este caso las de Chino Moreno, que no es más que uno de los nuestros, y deja de ser algo denostativo para cobrar una nueva y sugestiva dimensión. En la performance de la banda americana, el espacio como aglutinante emocional se metaboliza en el background ultradialéctico que tan bien plantean las autoras antes mencionadas. Es ese lugar en el que, escribe Fernández Mallo, “el tiempo se suspende”.

En este elogio del extrarradio concebido por Moreno y sus huestes, ruinas las hay visibles y a pares, pero la víscera urbana está llena de aquellas que, imperceptiblemente, muestran la otra cara del urbanita que observa la pared de enfrente. Aunque no es necesario que eso que hay enfrente esté ruinoso para establecer, como en el tema de la banda americana, nuestro extrarradio particular.

USTED PUEDE VER EL VÍDEO EN:

Deftones – Be Quiet And Drive (Far Away) (Official Music Video) | Warner Vault

(1) MARQUEZ, Francisca; BUSTAMANTE, Javiera  e  PINOCHET, Carla. Antropología de las Ruinas. Desestabilización y fragmento. Cult.-hombre-soc. [online]. 2019, vol.29, n.2, pp.109-124. ISSN 0716-1557.

(2) FERNÁNDEZ MALLO, Agustín (2009): Postpoesía. Hacia un nuevo paradigma. Anagrama. Barcelona, p. 96.

(3) PEÑARANDA, Claudia (2016): “La poética de la ciudad futurible. Blade runner y el Código 46”. Universidad Carlos III de Madrid. Biblioteca, pp. 4-5.

(4) AVENDAÑO, Patricio (2017): Cancionero Rock: Be quiet and drive (far away). Nación Rock.

Una respuesta para “DEFTONES Y LA ERÓTICA DEL EXTRARRADIO. FERNANDO SÁNCHEZ”

  1. Soy liberalidades, mi alter ego político, pero también soy Rocigalgo, mi seudónimo escritor, y cuando lavo los platos o me frustro por las miserias de la vida soy José Tomás. Como el protagonista es el extrarradio, la música y el blog de lo urbano, voy al tema: Estoy muy de acuerdo en la poética de los extrarradios. Soy un enamorado, no correspondido, de los descampados, de los solares. Allí donde se mezcla la existencia del aceite usado de coche y los conejos, donde crece el jaramago, abrazado por los plásticos abandonados. Es un lugar donde reina el silencio y por eso me gusta. El silencio y la leve brisa reinan en los descampados, y el extrarradio está repleto de lugares así. Quiero pasar una nochevieja en un descampado, como nuestro amigo La Muerte. Quiero observar el mundo desde allí y reivindicar mi condición de urbanita. Porque para mi, el extrarradio es mi hogar, el campo me fue siempre un poco ajeno. Me abruma su voluptuosidad. Deftones se sienten como pez en el agua en una fábrica abandonada porque en América no hay historia sin nave abandonada. Extrarradios de descampados y naves, de músicos que tocan y viento que contribuye al brillo de los guitarrazos. Aceite, tornillería abandonada y herrumbrosa. Poesía y Post poesía para las venas de los urbanitas.

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