EL GRUPO DE LA PAZ DESPUÉS DEL POP. RAZONES PARA UNA INTERPRETACIÓN A TRAVÉS DE LA IMAGEN. FERNANDO SÁNCHEZ

“Tras años de protestas por parte de sus vecinos, la rehabilitación de La Paz está más cerca”. Dolo Cambronero en Las Noticias de Cuenca. Noviembre de 2020.

Todas las imágenes: elaboración propia.

En el contexto de la democratización de las demandas urbanas conquenses y en el seno del imaginario popular más arraigado, el comportamiento colectivo y cívico de este minúsculo y singular grupo urbano, muy documentado por otra parte por iniciativa de la prensa local, ha hecho de la protesta un disciplinado ejercicio de fe (hablaríamos en este caso de una reivindicación de sensibilidades un tanto mecánicas).

Haciendo en parte de la necesidad virtud, en las entrañas de este fenómeno posturbano de implosión velada no sólo física y material, sino también psicosociológica, la sistematización de esa reivindicación ha sido codificada en la prensa de aquí -como digo-, y parece que de tanto protestar, la propia reacción (no tan compulsiva) se ha transformado por desgracia en un inquietante círculo vicioso en el que todo parece orbitar en torno al agujero negro de la trivialización de la cosa pública.

No fue la fiebre. Después de tantos años, a pesar de la demanda sistematizada, la pregunta es ¿por qué hasta finales de 2020 no ha existido interés en meter mano a un barrio en paulatina destrucción?

Para quien no conozca su ubicación dentro de la ciudad de Cuenca, el Grupo de La Paz se halla enfrente del I.E.S. Pedro Mercedes, entre el C.E.I.P. La Paz y la calle Eras del Tío Cañamón y a espaldas de unos edificios de la calle Hermanos Becerril. Su disposición se asemeja a un pseudotriángulo rectángulo con cinco manzanas de cuatro alturas en su interior (4 + 4 + 3 + 2 + 1 en el vértice que asoma al instituto de secundaria).

Es un nanobarrio, un conjunto de características tan peculiares y definitorias que hace que merezca (mucho) la pena paladearlo y pasearlo con detenimiento y dedicación. Es un concentrado de color ocre en sus paredes y de tonalidad terracota en los ladrillos que hay en la parte inferior de las ventanas (muchas de ellas a pie de calle), y se dispone a través de micro bloques un tanto íntimos que parecen abocados a la comprensión empática. El Grupo de La Paz, tal y como yo lo concibo, es pura fenomenología.

La elección de las imágenes de este artículo, cada una de una tonalidad distinta, no es ni mucho menos casual. Ni siquiera es una ocurrencia o capricho. La reiteración del motivo a lo largo del texto no hace sino justicia tanto a esa identidad guerrera como a la uniformidad de la estructura y al método, digamos, dialéctico que ha parecido acondicionar la acción/inacción a lo largo de estos últimos decenios (y que haría las delicias del filósofo marxista francés Henri Lefebvre, por ejemplo). Da la sensación de que una síntesis final, resultado de esa confrontación entre una tesis (que viene determinada por la protesta tras deterioro) y su antítesis (que ha sido establecida por la falta de interés en arreglarlo), va a hacer buena incluso la exigencia y la constancia popular, como puede usted colegir de la reflexión de Cambronero al comienzo de este texto. La reiteración de la protesta es la redundancia en el motivo: el Grupo de La Paz por lo tanto todas sus veces.

Los métodos cercanos al arte pop, del que me he valido aunque sea de soslayo, metódico en ocasiones, sujeto a varios automatismos, mediático, irónico y provocador, normaliza en este caso una imagen de un barrio que ha envejecido prematuramente y que, habiéndose plantado ante la maxidejadez de quien corresponda, ha hecho de la protesta su razón de ser. “Cada acción se blinda de sus consecuencias socioambientales, que son veladas, ocultadas, distorsionadas, directamente eliminadas del campo de visión, desvistas” (1), explican Javier Ruiz y María José Martínez en un sugestivo y original texto de la Universidad de Alicante.

Todo se ha cocido en puchero a fuego lento, como me dijo una vez José Castillo, colaborador de este blog, al hilo de las cosas de la ciudad de Cuenca. Así, la banalización de la acusación popular (que no ha sido otra cosa que pervertir un modelo de reivindicación y reducirlo al mero capricho -como el niño al que se le deja que grite lo que quiera porque ya no se le aguanta, pero tiene una gastroenteritis de caballo-), ha dado paso a un nuevo sorpasso y a nuevas formas de proceder. O eso es al menos lo que parece. La crítica, como el desayuno, se lleva repitiendo durante muchos años en un barrio que surgió a mediados de los años 60. La imagen repetida permanece para siempre.

Se ha protestado porque hay hundimientos, desplomes, déficit de accesos, alumbrado público deficiente, carencia de papeleras, falta de alquitranado, proliferación de baches, baldosas rotas, grietas, pavimento levantado, escaleras destrozadas, bocas de riego cegadas, ausencia de infraestructuras, falta de locales y cagadas de perros por doquier. Hasta el aire se enrarece y, con ello, la pérdida de identidad y de afirmación. Marcadores tumorales, en definitiva, entre extraños y muy elevados que hacían preciso un diagnóstico entre certero y urgente. ¿Por qué se reforman otras zonas de Cuenca y esta no?, se han preguntado los vecinos. En 2016, Gorka Díez, periodista, escribía: “El barrio de La Paz, con unos 50 años de vida y en torno a 5.000 vecinos, es uno de los barrios más deteriorados de la capital, el que menos inversiones para su mantenimiento ha recibido en los últimos quince años. Así lo asegura el presidente de la asociación de vecinos, Faustino Muñoz” (2)

En relación a esa información, el propio Díez añadía un año después: “Los vecinos del barrio de La Paz aseguran sentirse <<impotentes>> ante la situación de deterioro en que se encuentra esta zona de la ciudad y la falta de respuesta por parte del Ayuntamiento […] Lo que más duele a los vecinos son las caídas que muchos de ellos han sufrido como consecuencia del mal estado de muchas baldosas. <<La gente se nos cae y tenemos una mujer con la cadera rota, un hombre con las costillas rotas y otra mujer con la muñeca destrozada>>. […] A Muñoz, confiesa, le dan ganas de <<ir a buscar a los turistas que llegan a la estación de autobuses, que la tenemos a 50 metros, para que visiten no solo la Cuenca turística como borregos, sino también nuestro barrio. Y se den cuenta de cómo está la ciudad, de que no todo es el Casco Antiguo y Carretería>>” (3).

Mario Gómez (La Paz cumple un año reivindicando mejoras, en Las Noticias de Cuenca, 2018) hacía énfasis en esta cuestión. El año pasado, Diego Albaladejo (para SER Cuenca) se hacía eco de también de esta reivindicación histórica: “Muñoz [decía] ha lamentado que llevan 24 años abandonados, y espera que no se conviertan en 28 y que esta legislatura sea la de la intervención real en el barrio” (4)

La repetición de la imagen hace honor a la reproducción de la protesta. No sólo no la banaliza, sino que también escenifica la barbarie urbanística varias veces. Ni siquiera la fotografía varias veces es un ejercicio intrínseco de sublevación, es más bien un acto de reconocimiento, de lenitivo contra la “desvisión” de esta pequeñísima colonia de la ciudad baja de Cuenca, una revitalización/emancipación muy lefebvriana.

“Nuestra hipótesis es que a través de cuerpos entrenados en la representación de emociones, experiencias llevadas a cabo en artes performativas, performance o teatro callejero (street performances) es posible acceder a la información velada o desvista o simplemente explicitar el sistema de relaciones sociales que tiene lugar en el espacio público” (5), afirman Martínez y Ruiz. No es necesario esperar, por lo tanto, a las fiestas del barrio para la pasarlo muy bien, es más que conveniente que la zona en cuestión se metabolice en una festividad constante (una nueva relectura percepcionista por parte de sus vecinos, de otros viandantes y flaneurs, y de los “turistas” que propone Faustino Muñoz muy adecuadamente). Sólo se espera que esos turistas que se bajan en la estación de autobuses y en la de Adif, localizada apenas a unos metros de la primera, puedan pasear a gusto por allí y tengan la posibilidad de interpretar esa partitura a través de sus sentidos.

Perdonen mi insistencia y disculpen la estructura de este artículo, a vueltas con lo mecánico hasta lo puramente obsesivo, pero la repetición a veces otorga pingües beneficios (ver inicio de obras en el Grupo de la Paz a finales de 2020) y, en definitiva, la iteración (otra vez) no deja de ser un autorretrato de la commune.

NOTAS:

(1) RUIZ SÁNCHEZ, Javier y MARTÍNEZ SÁNCHEZ, María José (2018): La desvisión del otro en la construcción de la utopía posturbana Cuerpos sensibles.

(2) DÍEZ, Gorka (2016): La Paz: barrio “discriminado”. Las Noticias de Cuenca.

(3) DÍEZ, Gorka /2017): Los vecinos del barrio de La Paz, “impotentes” ente el deterioro del barrio. Las Noticias de Cuenca.

(4) ALBALADEJO, Diego (2019): Vecinos de La Paz reclaman una actuación «urgente» en el barrio. SER Cuenca.

(5) RUIZ SÁNCHEZ, Javier y MARTÍNEZ SÁNCHEZ, María José (2018). La desvisión…

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