BREVE MANIFIESTO PARA LA IMPLEMENTACIÓN DE UN URBANISMO METAFÍSICO. FERNANDO SÁNCHEZ

Imagen de portada: debajo de la vía del tren regional en la avenida Castilla-La Mancha (Cuenca).

ÍNDICE DE CONTENIDOS:

A propósito del desarrollo de un urbanismo metafísico

Un marco conceptual aseado

El “modelo rizoma”: repensar el extrarradio

El increíble hombre menguante y la realidad fractal

Mandelbrot, el efecto Droste y los campos de sentido

Lo fractal y la ciudad

Muy breves apuntes sobre poética fenomenológica

Flaneurismo y acupuntura espacial

Conclusión (o prólogo para otras cosas)

“La ciudad no es el problema, sino la solución”. Jaime Lerner.

A propósito del desarrollo de un urbanismo metafísico

Honestamente, cada vez estoy más convencido de que el significado intrínseco de una ciudad, como mucho, se intuye y, en bastantes ocasiones, se obvia. Sólo percibimos el papel de regalo. O nos preocupamos en exceso por comprar el pescado más suculento, que es legítimo y está muy bien. Sin embargo, nos falta la elucidación de sus entresijos más complejos a través (por qué no) de las herramientas de un urbanismo de carácter propiamente metafísico, digámoslo así para empezar.

Da la sensación pues de que han quedado determinados unos itinerarios en los que se ha cercenado de forma inconveniente el tránsito hacia la interpretación y, en último estadio (si es que existe como tal), a la comprensión. Sin duda, hemos sido personas que se han convertido en personajes urbanos y después, en autómatas revenidos, con perdón. Los árboles, en definitiva, no nos dejan ver el bosque.

¿Qué es o qué puede llegar a ser ese urbanismo metafísico? Es una cuestión de sentido común. Un universo tan sugestivo no merece ser denostado en el marco de lo pragmático y del día a día, muchas de las veces sin darnos apenas cuenta. Existe además la posibilidad de que podamos aproximarnos a él a través de varios modelos paradigmáticos, entre los que se puede hacer mención del denominado “rizoma”, del mundo inacabado del fractal, de la acupuntura espacial, de la entropía urbana y de los sistemas red complejos, la postopética o la fenomenología, cuestiones estas dos últimas ya tratadas de forma más o menos explícita en elurbano.org (1). Suenan raros, la verdad, pero están muy bien. Hablaré de todos ellos aquí.

No es un cuadro de Yves Klein, es una pared azul en Tarancón (Cuenca). Elaboración propia.

En relación a este argumento, César Fernández (2), ávido (y crítico) lector de mis producciones literarias desde que me atreví con aquellas cosas, que fue además el creador de los términos “barrocobajero” y “escritura atonal” para referirse -felizmente, por cierto- a los abyectos renglones de mis textos bizarros, me escribió no hace mucho que no creía que “en estos tiempos de barbarie intelectual esté prevista la creación de cátedras sobre nuevos estudios epistemológicos”. Me dijo que “en el supuesto de que se creara la de [ese] Urbanismo Metafísico” yo sería “el mejor candidato”. Yo no sé aún si César exageró, pero me siento cortejado. Si él lo manifiesta, conocedor como él es de mis letras y de mi vida, seguro que algo de razón tendrá. Por supuesto que me encantó lo que me transmitió y me siento muy honrado con esta proposición tan indecente y a la vez tan elegante, y por eso me he referido a ello en este blog.

Un marco conceptual aseado

Desde una perspectiva más o menos hermenéutica, tengo la extraña sensación de que todo lo que hay a mi alrededor se asemeja a un cubo Rubik, en muchos de los casos tramitado a base de movimientos aleatorios e impredecibles. La deconstrucción, que de manera indefectible lleva aparejada un substrato constructivo, parece ajustarse mejor a mis experiencias en unas realidades-laboratorios que he ido interiorizando a lo largo de los años. Y si yo no fuese merecedor de tan icónica cátedra, al menos que me sea factible poder opositar a un rango tan distinguido. Que por lo menos quede constancia de estos trabajos, que le presento a usted en este foro.

Llegados a este punto del recorrido, en el siempre inacabado proceso de la exégesis de las realidades contiguas, se hace necesaria una pausa para la recapitulación y para una reflexión de carácter teórico. En referencia a ello, he de comentar que una parte de los conceptos expuestos en este artículo proceden de dos textos que publiqué en su momento sobre el rizoma (El Edificio Huécar y el modelo rizoma, tributo a Agustín Fernández Mallo) y la fractalidad (Por qué podemos aplicar la teoría fractal al estudio de los barrios de Cuenca) y que decidí suprimir porque llegué a la conclusión de que estaban envejeciendo muy mal y de forma algo prematura, aunque contienen -sin embargo- ideas muy valiosas a nivel conceptual que he decidido incluir en este breve ensayo. La mutación y fluctuación del nunca sistema extrarradio y de los presupuestos-incertidumbre de este urbanismo que ya llamamos “metafísico”, hacen necesarios e inevitables una puesta al día y un estado de la cuestión.

El “modelo rizoma”: repensar el extrarradio

El diseño rizoma impregna la realidad con fortaleza inusitada y cobra especial relevancia en la comprensión de nuestros escenarios tradicionales y desafectos. La idea de extrarradio, a la que tantas veces he hecho referencia en mis escritos (nunca me canso de hacerlo), es al mismo tiempo remanente y categoría rizomática, es –como escribí en mi artículo Deftones […]– una realidad de carácter ultradialéctico, un espacio de fricción. Este truculento palabro (difuso y reacio en sus propiedades elementales a cualquier intento de encasillamiento y de burda clasificación) admite en su seno aún sin delimitar a este conglomerado de franjas-incógnita tanto físicas como estéticas, pero ¿qué es un rizoma y qué se entiende por “modelo rizoma”?.

Dibujo esquemático e intuitivo de un rizoma. Elaboración propia.

El excelente físico y escritor Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967), al que ya he destacado en algunas ocasiones, se ha servido del indeleble y sugestivo planteamiento rizomático en sus impagables Postpoesía (3) y Teoría general de la basura (4). La R.A.E. define “rizoma” como “tallo horizontal y subterráneo”. En él, nacen las raíces. Y las plantas se desarrollan y se transforman en cualquier punto de forma incierta e indefinida.

Como ya mencioné en mi libro Extrarradios […], este modelo fue llevado a la teoría del pensamiento por los filósofos franceses Félix Guattari (1930-1992) y Gilles Deleuze (1925-1995) a través de las obras Anti-Edipo (1972) y Mil mesetas (1980). Atendiendo a sus interesantes planteamientos, en tales representaciones no existe la jerarquía, la dependencia o la subordinación. Cualquiera de sus unidades puede influir en cualquier otra de ellas como dejar de hacerlo sin más.

Existe en consecuencia una multiplicidad de puntos/nódulos que pueden afectar y condicionar al resto sin necesidad de estar por arriba o abajo o por donde quiera que se hallen. “Cualquier punto del rizoma puede ser conectado con cualquier otro, y debe serlo. Eso no sucede ni en el árbol ni en la raíz, que siempre fijan un punto, un orden” (5), señalan ambos autores en los que ellos llaman “principios de conexión y heterogeneidad” (Mil mesetas, 1980). Un rizoma, en definitiva, no es apenas capaz de mantener ligazón con una estructura predeterminada, como tampoco lo hace un extrarradio de ninguna de las maneras. Los sustratos están en cualquier lugar y de pronto se hacen visibles, aéreos. Esos extrarradios tan lóbregos se crean, transmutan y desaparecen para formar otros extrarradios.

El urbano en Berlín (Alemania, 2009). Espacio sustrato. Han dejado los cimientos del muro como residuo y reclamo (no deja de ser una atracción turística). Este caso, convivencia de la antigua pared y una nueva calzada.

Fernández Mallo desarrolla los argumentos esenciales del rizoma en el denominado “sistema-red” o a través del llamado “espacio sustrato” (un espacio vulgar, impuro y entrópico “lleno de residuos, ruinas o escombros”) (6) que se sustenta en los asideros de esos contextos urbanos en metamorfosis permanente. El propio físico (y filósofo) desglosa de manera muy intuitiva el atractivo “modelo Normandía”: la arena de esa playa –escribe- contiene restos de rocas, de seres vivos, de metralla, de plástico y de otros materiales, y se pregunta: “¿Hay algo o alguien que pueda dar cuenta de tal superposición, de los múltiples mundos y tiempos que conectados en red hay en un solo metro cúbico de arena de esa playa?” (7).

Doble foto del Edificio Huécar (Cuenca, en la avenida de Castilla-La Mancha). Es un eremitorio mutante que se ajusta al modelo rizoma y al sistema de redes. Cada imagen forma parte de un mismo organismo y cada una de ellas se complementa de forma recíproca en apenas pocos metros. Elaboración propia.

Muy en concordancia con ese lúcido planteamiento, el arquitecto Miquel Lacasta elaboraba un artículo genial titulado “Cuando el barrio es mi balcón” (abril de 2020). En él se refería a la inusitada importancia que cobraron estas estructuras durante el confinamiento por Covid-19 (marzo-junio de 2020): se transformaron [afirmaba] en graderíos para aplaudir, soláriums, escenarios musicales, lugares de tertulia o espacios públicos (8). Así, como un rizoma o como la arena de la playa normanda, desde la calle o desde el balcón (o desde cualquier otra unidad), una ciudad ha sabido entretejerse y se transforma ella solita. Sólo nos quedaría hacer acopio de ese género intelectual.

El increíble hombre menguante y la realidad fractal

El inquietante film El increíble hombre menguante (9) basado en la novela The Incredible Shrinking Man (Richard Matheson, 1956) es una película fractal. El protagonista (Scott Carey, interpretado por Grant Williams) disfruta de una estancia en un barco junto a su esposa. En el mar, en un momento de la trama, ella (Louise Carey, -Randy Stuart-) se introduce en el interior de la nave, mientras él permanece en la superficie, que es cuando ocurre el hecho trascendental: el hombre se expone al paso de una extraña nube. A consecuencia de esa circunstancia tan explícita, el ciudadano Carey comienza a padecer un proceso paulatino de mengua física, que parece discurrir de forma inversamente proporcional a un amanecer metafísico y existencial.

Fotograma de la película El increíble hombre menguante. Tomado de SensaCine.

El hombre menguante empieza a batallar contra un nutrido agregado de peligros y, sobre todo, empieza a hacer frente a su propia ansiedad. De esta forma, Carey comienza su tránsito hacia la infinitud, convirtiéndose de manera automática en un fractal de su propia existencia. De la mano de su propio yo, a fin de cuentas, parece dirigirse hacia el ámbito de las posibles respuestas a sus preguntas sobre la condición del hombre en general.

Hace ya tiempo, a raíz de aquella arena de Normandía, conversé sobre la fractalidad con la profesora María Dolores Martínez, del departamento de Matemáticas del I.E.S. Fernando Zóbel. Para los iniciados como yo, en términos matemáticos, el fractal es la figura que incluye copias o fragmentos de sí misma de forma infinitesimal (hablamos entonces de repetición inacabable) y contiene por lo tanto el procedimiento del recurso a la propia imagen (la denominada idea de “autorreferencia” o “autosimilitud”, que puede ser perfecta o no llegar a serlo).

María Dolores estableció como punto de partida las dimensiones topológicas, que son números naturales: “el punto tiene una dimensión cero, el punto sólo está en nuestra cabeza porque en el momento en el que lo dibujas ya no es punto –la tinta es materia, que está compuesta por átomos, por eso es ya dimensión tres -”, me transmitió. “La recta de los reales [me dijo] es dimensión uno, y un plano tiene dimensión dos (las más fáciles de visualizar son las tres espaciales)”.

Los fractales se caracterizan por su irregularidad. Ejemplos los hay por todas partes: la medida de una playa (cuanto menores sean sus escalas más irregulares serán sus segmentos/el litoral, finito en la realidad, es en consecuencia, infinito en nuestra cabeza), los helechos, el brócoli, la espiral logarítmica del matemático Jakob Bernoulli (plasmada en las conchas de los caracoles o en nuestra propia galaxia), un copo de nieve o la espiral del propio girasol que es igual siempre en sus elementos fractales. Todo ello obedece a una reproducción metronómica de constantes y casa con el factor de irregularidad rizomática anteriormente descrito.

Triángulo de Sierpinski. tomado de http://www.asociacionceat.org/aw/sierpinski.htm

Mandelbrot, el efecto Droste y los campos de sentido.

Hay consenso en afirmar que el padre de la matemática/geometría fractal es el matemático de origen polaco Benoit Mandelbrot (1924-2010), luego francés y de Estados Unidos, que escribió Fractal Geometry of Nature en 1982, abriendo en los números un espacio para su interpretación, extramuros de la rigurosidad secular ortodoxa. En esa misma línea, podrían incluirse los planteamientos simétricos y también híbridos, que “siguen multiplicándose”, generados por el antropólogo Bruno Latour, en su alegato contra la “purificación” de la que, en su opinión, hace gala la modernidad (el autor afirma que esa dicotomía maniquea entre sujeto y objeto acarrea la eliminación consecuente de las franjas intermedias, de las que tanto alardeo yo en elurbano.org). En el marco de esa irregularidad fractal a la que se hacía referencia, “es [defiende] esa […] separación lo que debemos reconstruir […], entre los humanos y los no humanos” (10).

Madrid. La imagen de la Colonia de San Cristóbal, el paseo de la Castellana y las 5 Torres haría las delicias del antropólogo francés citado. Elaboración propia.

La idea, creo, es un cimiento de carácter básico que ilustra todo el sorprendente mundo de los matices y de los grises entre el blanco y el negro. El filósofo alemán Markus Gabriel defendía que “considerado así, el mundo consta de muchas pequeñas copias de sí mismo, porque cada objeto reivindica su autonomía, proclama ser exactamente el objeto que es, ya sea una mesita de café, una sopa de verduras o una ecuación matemática. Pero los objetos aparecen sobre un trasfondo sin el que no pueden existir”. Según el filósofo, los objetos deben aflorar en campos de sentido, que se inscriben en campos de sentido más grandes hasta el infinito, lo que él denomina “ontología fractal” (11).

Dentro de este marco teórico tan atractivo e inacabable, además, en relación a lo iterativo y a la matemática mandelbrotiana, se habla a menudo del “efecto Droste”. Gerhard Droste fue un maestro chocolatero holandés que creó su empresa en 1863. A la imagen de su compañía, la llamada imagen “Droste”, se le puede considerar como un antecedente del pop art: no es otra cosa que el arquetipo de repetición del mismo modelo, que queda incluido dentro de la imagen principal.

Chocolate Droste. Tomado de proyectoidis.org

El icono publicitario –el envase Droste- se halla en el interior del esquema de portada, que ha sido concebido a través de una señorita (¿enfermera?), que porta el propio envase. En referencia a esta idea, existe por lo tanto la posibilidad de llegar hasta infinito, como en el caso de la persona que se ve en un espejo con otro espejo a sus espaldas. “En la naturaleza, los objetos fractales” suelen estar relacionados con las “fronteras […] (casos en los que entran en contacto dos medios humanos naturales, físicos, químicos” o con “dos superficies diferentes: frontera entre países, riberas de los ríos, litoral, nubes…”) (12). En realidad, sólo hay que saber buscar esos fractales, a no ser que vengan hacia usted o hacia mí (como tengo, en este último caso, la sensación de que así sigue siendo).

Lo fractal y la ciudad

El arquitecto, urbanista y catedrático Daniel Zarza (fallecido en 2018), en su tesis doctoral Una interpretación fractal de la forma de ciudad (13), manifestaba que “la ciudad, como artefacto” no deja de ser un proceso aleatorio “que llamativamente podríamos asociar con la geometría fractal. […]. La geometría fractal resulta particularmente idónea en el urbanismo […]. Además del método de aproximación, es el de una geometría visual e intuitiva, que se interesa, fundamentalmente, por las formas, algo que es intrínseco de la nueva recuperación urbanística”. Por otro lado, en el artículo Metodología fractal como estrategia de crecimiento urbano, del investigador Marcelo Eduardo Unibazo y el urbanista Bernardo Suazo, se defiende que “la planificación de nuestras ciudades tiene que hacerse desde […] la observación del objeto desde distintas distancias, relacionando y seleccionando las partes y elementos importantes que surgen de cada visión.” (14).

Sabemos que el caos existe tanto en los ensayos deterministas como en los aleatorios, que las Matemáticas parecen aisladas, pero no lo están, y que la entropía de un sistema siempre aumenta. De esta forma, y teniendo en cuenta estos puntos de partida ¿Qué relaciones establecen con el biotopo-entorno-red y cómo se inscriben en esos “campos de sentido” a los que hacía referencia Markus Gabriel? ¿Es posible hablar de esas franjas a las que se refería el francés Latour? y, sobre todo, ¿qué relaciones establecen en una localidad cualquiera los propios elementos constituyentes de esas unidades fractales mencionadas?

Fachada de una vivienda en Valeria (Cuenca): aumento de la entropía en progresión geométrica. Elaboración propia.

José Castillo escribe en este blog La realidad fractal y el origen de los universos mundanos (4 de abril de 2021). Además de ser un artículo mágico y trascendental, en el que nos habla de la idea de fractalidad “por necesidad” (el universo, afirma, está elaborado a base de fractales), se trata de un magnífico acto de creación en el que el propio escritor ha sabido ver más allá de las cosas, lo que no deja de ser uno de los principios más hormigonados de este urbanismo metafísico que tratamos de conceptualizar aquí con mayor o menor éxito.

Lo fractal es un instrumento muy útil para llevar a cabo esa ingente y compleja tarea de comprensión: tendencia a reorganizarse (es decir, a maximizar la entropía), auto-repetición de patrones, abigarramiento celular, nanoescalas, carácter microscópico o infinitesimalEn lo que a mí respecta y en lo que se refiere a mi relación con el entorno circundante, tal y como tituló Francisco de Goya a uno de sus últimos dibujos, Aún aprendo. Y no es falsa modestia, es ante todo fractalidad. Como la del ínclito Carey en El increíble hombre menguante.

Muy breves apuntes sobre poética fenomenológica

El coqueteo con la poética urbana ha sido hasta enfermizo en mis artículos hasta hoy, muy lejos por descontado de consonancias infantiloides, de los cancioneros baratos y de las baratijas diversas que circulan por la red. De forma transversal, entendiendo la visión del urbanismo como algo vivo o como algo que aspira a serlo, la idea de “deriva” impregna cada uno de estos pasos que voy dando –no sé si con más voluntad que acierto- desde el mes de diciembre pasado, que fue cuando inauguré este blog. Esa “deriva” es un concepto que surgió a raíz de los planteamientos del escritor y filósofo parisino Guy Debord (1931-1994) y que ha sido desarrollado entre otros autores por el mencionado Fernández Mallo, que lo identifica a posteriori como un novedoso lugar no definible pero sí mostrable ante los demás.

Madrid. Manoteras. Hibridación entre el campo de fútbol del Spartac de Manoteras y los edificios adyacentes. Elaboración propia.

Así, cualquiera que me haya leído, tomando asimismo como referencia los ya transmitidos “estímulos límbico-sensoriales” y “refundición [periférica] de sujeto paciente y objeto latente” (15), habrá podido interiorizar también la jerarquía de la orientación fenomenológica. Pablo Posada, filósofo especialista en esta rama de la filosofía, establecía la noción de frontera como una entidad en absoluto impermeable (tampoco habría de serlo). La idea de “flaneurismo”, como veremos, viene cogidita de la mano de esa perspectiva, y de una hostilidad de resultados inciertos que algunos hemos emprendido contra el aislamiento y la alienación. Mi libro Extrarradios […] recoge y desarrolla todo ello, por si usted desea profundizar en la cuestión.

Flaneurismo y acupuntura espacial.

Hay no obstante en la web una serie de interesantes artículos sobre la figura del flâneur (del francés “paseante”, “callejero”, “vagabundo”) y sobre esa corriente denominada “flaneurismo”, que guardan estrecha relación con la Deriva Situacionista de Debord (1951, supone en términos muy generales el hecho de vagar por el viario urbano) y que reivindican todas estas cuestiones borderline de xenofilia y xenofobia en todos estos contextos (16).

Existe asimismo un blog muy sugestivo cuya lectura recomiendo, que lleva por nombre El blog de José Fariña (17), muy en línea con obras de referencia como los impagables Los no lugares (Marc Augé, 1992) o El animal público (Manuel Delgado, 1999) o con las ideologías urbanas de Jaime Lerner (Brasil, 1937-1921) y de Marco Casagrande (Finlandia, 1971), arquitectos, teóricos sociales, urbanistas y gurús del concepto “acupuntura urbana”, un pensamiento liberador, regenerador, cooperativo y súper inductivo, que concibe la ciudad como un ser vivo al que se puede aplicar esa técnica terapéutica (en puntos híper locales) en aras de la creación de un efecto benefactor que se habría de propagar por el resto de su cuerpo.

Varios planos susceptibles de análisis, como en laminado, en una calle de Ciudad Real. Elaboración propia.

En su excelente blog, entre otros asuntos de interés relacionados con unas muy creativas y elegantes psicologías y sociologías urbanas, Fariña nos habla del peso específico que habrían de tener los “paseos” por la ciudad y de la potenciación de esa estética de la irrelevancia, que traería consigo una democratización y una nueva vivencia de la cultura espacial, que es desechada en última instancia de forma reincidente y, en ocasiones, hasta soez. “Un flâneur es mucho más que una persona que se dedica al arte de pasear, es toda una filosofía y actitud ante la vida. Imagina a una persona, antiguamente escenificado por la figura de un hombre -aunque también se puede y se debe trasladar a las mujeres- que camina sin rumbo fijo por la ciudad como un espectador sin llamar la atención, sin interactuar con nadie. Es tal su (no) implicación en todo lo ocurre en sus calles que al final pasa a formar parte de la misma, como si fueran solo uno, pasando totalmente desapercibido ante los ojos del resto de viandantes”, afirma con muchísimo tino la periodista Silvia Ruiz de la Prada (18).

Fariña escribe varios artículos dedicados a los “paseos”. En ellos menciona al italiano Francesco Careri (19), que propone un caminar entendido como una praxis de índole estética que da más importancia al viaje que al lugar de destino. Careri acuñó asimismo el término “transurbancia” como un concepto que trae consigo el recorrido de un área y la confección de mapas que se alejan de lo meramente convencional, muy en consonancia como digo de esa hibridación y anonimato propuestos por el antropólogo Augé en sus legendarios No lugares. Todo ello se plasmaría en una ciudad “paseable”, afirma el arquitecto de la UPM, cuyas “funciones han sido asumidas por patios de manzana, internet y urbanizaciones”. La distopía es demoledora y lo peor de todas estas cosas es que todo esto ya es real.

Conclusión (o prólogo para otras cosas)

La supuesta búsqueda del presunto Santo Grial metafísico no es una narrativa del ladrillo ni tampoco se concibe como una prosopografía del absurdo. No es ni mucho menos un mapa del tesoro. Se trata de un proceso abierto e inacabado de interiorización y de individualización, entiéndame. Había que arreglar, aunque sólo fuera un poco, la “separación” entre humanos y no humanos a la que Latour hacía referencia (recuerdo que la línea entre las nociones de frontera y lo estrictamente accesorio es muy delgada, todo hay que decirlo).

Cromatismo fuera de sí en el Tarancón apesadumbrado. Elaboración propia.

Si queremos comprender este urbanismo metafísico como actitud, puede resultar un contrasentido incluso cualquier tentativa de conceptualización. Aun así, hay vida más allá de la pared de enfrente, un espacio sustrato cargado de residuos materiales y emocionales que se tira al cubo de la basura con acusada periodicidad.

Como nos pasa a tantos otros, el periodista Samuel Martínez se pregunta si es posible humanizar las ciudades (20). No es baladí. En el contexto del argumentario de los seres de Augé, Martínez se refiere a los testimonios del arquitecto Antonio Torres, que reflexiona a su vez sobre la flexibilidad de ese concepto de anonimato: la gente puede ver las cosas de forma distinta (donde uno crea “lazos con el espacio”, puede que otros no los vean “en absoluto”, manifiesta).

Créame cuando le digo que la estética de la serie infantil Pocoyó me viene al pelo para glosar todas estas enmiendas a la regularidad y a la monotonía, sí. Piense usted en ese fondo blanco, neutro e indefinido de estas proyecciones. Reflexione asimismo en esa acción que transcurre en el interior de un escenario infinitesimal. Y ahora, intente extraer la acciones humanas y los objetos visibles de su contexto. Y después, resitúelos en el que usted quiera, se me ocurren los escenarios de las Pinturas Negras en el Museo del Prado, unos escombros a las afueras, un patio interior en régimen de semi abandono o alguno de los híbridos de Careri, por ejemplo.

También puede realizar ese proceso a la inversa, busque su propio contexto en el que pueda insertar (o salir de) su anonimato. Quizás podamos ser un poquito más comprensivos con el tema de lo nuestro y con los otros parapetados, en la frontera de la nostalgia que reivindica el reiterado Latour. Además, la deconstrucción personal y del entorno es un ejercicio muy sano de introspección. Puede parecer una tontería, pero no lo es. Es acupuntura terapéutica en el rodal de uno mismo.

Mónica Arzoz, arquitecta y urbanista (21), escribía: “el ser humano tiende a calificar lo inexplicable y lo desconocido como caótico o desordenado, cuando la mayoría de las veces simplemente no está entendiendo lo que realmente ocurre”. Es básicamente eso. Falta comprensión inteligente y, sobre todo, falta sentido común. Hasta la soledad o la asepsia más rotunda forman parte de un flujo constante que tendemos a no percibir.

Gracias, lector/a, por haber llegado hasta aquí. Salga, por favor, de su urbanización de pensamiento único. O de Internet o de su patio interior (que puede ser otro extrarradio para los demás). Le deseo lo mejor en su próxima experiencia trascendental en el barrio de al lado.

NOTAS:

(1) Extrarradios. Fenomenología y poética urbana. Otra aproximación a la ciudad nueva de Cuenca (agosto de 2021)

(2) César Fernández (Madrid, 1957) es ingeniero de caminos, escritor y experto en el mundo helénico. Es colaborador de elurbano.org (La polis y el urbanismo colonial, marzo de 2021).

(3) FERNÁNDEZ MALLO, Agustín (2009): Postpoesía. Hacia un nuevo paradigma. Barcelona, Anagrama.

(4) FERNÁNDEZ MALLO, Agustín (2018): Teoría general de la basura (cultura, apropiación, complejidad). Barcelona. Galaxia Gutenberg.

(5) DELEUZE, Gilles y GUATTARI, Félix (2010): Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Pre Textos. Novena edición, p. 13.

(6) FERNÁNDEZ MALLO, Agustín (2018): Teoría general de la basura…, pp. 67 y p. 287.

(7) FERNÁNDEZ MALLO, Agustín (2018): Teoría general de la basura…, p. 288.

(8) LACASTA, Miquel (2020): Cuando el barrio es mi balcón. En https://www.linkedin.com/pulse/cuando-mi-barrio-es-balc%C3%B3n-miquel-lacasta-codorniu?articleId=6661246002009387008

(9) Zugsmith, A. (productor) y Arnold, J. (director) (1957). El increíble hombre menguante [Cinta cinematográfica]. Estados Unidos. Universal Pictures.

(10) LATOUR, Bruno (2007): Nunca fuimos modernos. Ensayos de antropología simétrica. Buenos Aires. Siglo Veintiuno Editores Argentina S.A. 2007, p. 33.

(11) GABRIEL, Markus (2015): Por qué el mundo no existe. Barcelona. Pasado&Presente, pp. 90-91.

(12) BINIMELIS, Isabel (2010): Una nueva manera de ver el mundo. La geometría fractal. RBA Coleccionables, S.A., p. 67.

(13) ZARZA, Daniel (1996): Resumen de la Tesis Doctoral Una interpretación fractal de la forma de Ciudad. Madrid. Instituto Juan de Herrera, p. 49. En polired.upm.es/index.php/ciur/article/viewFile/227/223

(14) UNIBAZO, E. y SUAZO PEÑA, Bernardo (2009): Metodología fractal como estrategia de crecimiento urbano. Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Geografía. Universidad de Concepcion, Concepción, Chile, p. 205. En https://core.ac.uk/download/pdf/41792949.pdf

(15) En la introducción de Extrarradios. Fenomenología…

(16) SANCHIZ, Ramiro (2020): La zona y el monstruo. Revista Xenomórfica, número 1, pp. 53-59.

(17) José Fariña Tojo es licenciado en Derecho, arquitecto y Catedrático Emérito de la Universidad Politécnica de Madrid. Es experto en urbanismo y posee un fabuloso currículo profesional.

(18) SILVIA RUIZ DE LA PRADA. ‘Flâneur’, la historia detrás de la figura del paseante francés. Bazaar. 29 de abril de 2020.

(19) Francesco Careri (1966) es arquitecto y antropólogo. Fundó el grupo Stalker (observatorio urbano y de arte, 1995).

(20) El no-lugar, o cómo las ciudades carecen de identidad, eldiario.es. Samuel Martínez. En https://www.eldiario.es/red/que-es/no-lugar-ciudades-carecen-identidad_1_6376670.html

(21) MÓNICA ARZOZ. Arquine. Caos el orden urbano, 8 de diciembre de 2015.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s