EL SUR DEL CIELO. FERNANDO SÁNCHEZ

Todas las imágenes fueron tomadas por nuestro objetivo durante la tarde del 1 de enero de 2022. Portada: calle Domingo Pérez del Val, colonia del Pico del Pañuelo, Legazpi, Madrid.

A Matilde Gómez (gracias por animarme y gracias otra vez por proporcionarme ese espléndido concepto de “cultura”).

El sur del Cielo

El protoespacio meridional de la ciudad de Madrid, del que soy originario (colonia del Pico del Pañuelo, Legazpi) exhibe una selecta gama de productos para paladares exigentes y también para conformistas de pleno derecho. Unas de estas componendas de luxe se halla en el distrito de Usera (entre los barrios de Moscardó, Pradolongo y Almendrales), al que probablemente no había vuelto desde hace más de 45 años –más o menos un pecado venial-, y el propio triángulo del Pico del Pañuelo, al que suelo retornar con cierta regularidad. Mi propio padre, al que en la colonia llamaban El urbano, decidió no regresar desde el instante en el que nos trasladamos al barrio del Pilar. Esgrimía una abismal melancolía que provocaba muchísima ternura, es la dictadura de la fragilidad.

Usera.

La tarde del 1 de enero era muy atmosférica en el sur del Cielo. De esta forma, estaríamos hablando de trascendencia micológica después de temporada, que no está ni tan mal. Algunos tenemos constancia de que hay vida más allá de cuatro paredes de una vivienda del sur de Madrid.

Chinatown y gastrofealdad

En relación a Usera, existen artículos bastante reveladores. David Díaz, en Guía de Usera (el Chinatown madrileño) para moverse como un auténtico chino (febrero de 2019, Traveler.es), ha narrado el testimonio del antropólogo David Berna, que afirma que a finales de la década de los años 70 la comunidad china era de apenas mil personas, migración que adquiere cierta consideración en el Lavapiés de los 90. De igual forma –comenta- fue quizá la casualidad la que los llevó a Usera, a lo mejor “por su fácil acceso a través de la M-30”. Su poder adquisitivo –dice Berna- es cada vez mayor.

Usera.

En opinión de Joaquín Vera, es complicado tomarse algo en ese distrito por la pronunciada topografía y su estrechez -en lo que a mí respecta, no me lo imaginaba de esa forma y me sorprendió una barbaridad cuando accedimos al continente de esa liturgia metafísica, que pensaba que era una planicie-. Ello hace que los negocios no puedan sacar sus terrazas a la calle, sobre todo ahora en tiempos de pandemia, en un lugar en el que viven 1 de cada 4 ciudadanos chinos de la ciudad de Madrid (Usera, el Chinatown de Madrid, frente a la libertad de Ayuso, abril de 2021), aunque también existe en Madrid lo que Albert Solano denomina el “nuevo Chinatown (de lujo)”, que se halla en el barrio de Salamanca, con restaurantes que “apuestan por el interiorismo, por los productos de lujo, por notables cartas de vino y por un equipo de sala altamente especializado” (elmundo.es, abril de 2021).

Usera.

Sobre ese “userismo” habla asimismo Trapiello en su reseñadísimo libro Madrid (El urbano, octubre de 2021), que ya dije que nos iba a proporcionar muchas alegrías a los que nos gusta el autor y a los que nos gusta que nos cuenten cosas de la ciudad de aquella manera: “Usera hoy es el Chinataun de Madrid. Es un barrio que de puro feo tiene su encanto […]. No se sabe de qué catálogo de los horrores las habrán sacado [las casas] ni cómo puede haber un colegio de arquitectos que las haya visado […]”. En referencia a esos arquitectos, diseñadores, artistas, etc., Trapiello comenta que se están mudando allí con un “verdadero amor al Manzanares […].La fealdad de esos barrios y otros del cinturón de Madrid les estimula incluso”. Dicen que “<<tiene su punto>> y compensan esa fealdad con la finura de su trabajo” (p. 354).

El mito de la caverna re-revisitado

En cualquier caso, dejando aparte esa presunta gastrofealdad, Usera es un espacio hibridado donde no se sabe quién acultura a quién, añejo y a la vez pregentrificado en comercio y en restauración. Es espacio sustrato en estado puro, amalgama de pisos pretéritos en altitud (y viviendas unifamiliares), con una buena porción de bajos saturados de comercios de Asia oriental. En consecuencia, da la sensación de haberse transformado en un oxímoron postmoderno. Me viene a la memoria la prosa poética de Montero Glez, que en su impagable Besos de fogueo lleva esta aparente contradicción al límite y genera una metaliteratura en cadena, que viene consensuada por el contexto del paisaje subterráneo “que cruza la calle Alcalá a la altura del Banco de España […]. En días tan significativos como son los navideños”, la gallofa de Madrid “provoca en el transeúnte una rara mezcla de asco y piedad” (p. 37-38).

Usera.

Usera hace acopio de todo ello en su xenófilo/acogedor Chinamadrididsouthameticatown, que permite la reconciliación de opuestos aparentes, de unas sensibilidades que no han de ser obligatoriamente el asco o la compasión. En este sentido, es necesario bucear en la lectura de Guía perversa del viajero en el tiempo, de Fernández Gonzalo que, tomando como base las intenciones de Gilles Deleuze, se hace la siguiente pregunta “¿Y si las imágenes que vemos de forma cotidiana fueran ya imágenes cinematográficas?”. El cerebro almacena esa “dosis parcial de verdad” en la medida que ello se asimila, fuera de la “introspección solipsista (si es bueno para ti no hagas caso a los demás, lo importante es lo que tú pienses y no lo que te digan, etc.)” o del “moderno mito de Matrix (cada uno vivimos una versión particularizada del Programa)”.

Usera.

La raíz del problema, comenta el filósofo, está en la caverna de Platón. El problema no es si las imágenes son verdaderas o falsas, es que ignoran que están en una caverna. “El acierto de Platón es haber mostrado a la humanidad como espectadora de una escenografía del universo que sucede sólo para sus ojos, pero no llegó a percatarse de que sus propios personajes no eran conscientes de ello” (pp. 358-359). Por ese motivo, desde dentro de su propia cueva incluso, Usera permite la emancipación de esas ataduras preconcebidas o de nuestra ignorancia secular mismamente -desconocemos que somos tan iletrados, a lo mejor-. La town de tantas cosas admite la reflexión existencial y propaga la introspección severa, y da lugar a esa regulación con el entorno y con uno mismo y sobre todo, con nuestra propia fealdad y fragilidad. Aunque suene a tópico, yo salí un poquito más reformado después de aquella pirotecnia entre constructiva y humana, lo juro. En aquella constelación de contrarios aparentes.

Debajo del sofá

En mi obra Antología del otro lado, de 2012 (reeditada en El urbano en enero de 2022 y prologada por David Fernández), hablaba de “amarillo conceptual” para referirme a la colonia en la que viví los primeros cinco años de mi vida (1971-76). Francisco Pastor (Donde no llega la gentrificación. La colonia del Pico del Pañuelo, ctxt contexto y acción, marzo de 2016) la define como un “triángulo compuesto por nueve calles, 74 edificios y 1585 viviendas […], edificios que pretendían alojar a los trabajadores del matadero, puesto en marcha en 1924 […]”, unos bloques “inspirados en la arquitectura racional holandesa, austriaca o alemana”.

Aún recuerdo la disposición de mi casa, celular, acogedora, con tres pequeños dormitorios, un saloncito y la cocina, que daba a un simbólico patio comunal que coqueteaba con la calle San Daniel. Me acuerdo asimismo de cuando me regalaron un SEAT 1500 taxi, de las puertas correderas ¿verdes? del cuarto que daba a la entrada y por supuesto de cuando quemé con un mechero la parte de debajo del sofá. Y del “retrete”, Denominación de Origen mi abuelo Tomás Sánchez, que vivía en el piso de encima.

Pico del Pañuelo.

En el “amarillo conceptual” de la otra orilla del Manzanares todo es más homogéneo, hermético, austero, parece más blindado que su vecindario adyacente, es más seco, admite el contacto de otras formas. Usera vive del ruido y Legazpi gusta del silencio, y todo con un río (más bien, un mito) de por medio. Y el Pico del Pañuelo es zona de reducción horaria porque parece que el tiempo se congela.

La pared de San Daniel

En un manual de arte que leí hace bastantes años (no recuerdo exactamente su nombre), el autor decía que desconocía el porqué de la fiebre constructora “a lo mudéjar”, en referencia a las plazas de toros de la España del siglo XIX.

Pico del Pañuelo.

Es posible que esa remudejarización no dejara de ser un concurso de imitación (de la moda del historicismo europeo), pero a la española. O bien habría que pensar que ese asunto obedece más a un agotamiento creativo y a la falta de originalidad. O que no había nada mejor al alcance. No lo sé. El caso es que, por ejemplo, Matadero Madrid (paseo de la Chopera, ideado por el arquitecto Luis Bellido) o la antigua fábrica de cervezas de El Águila (en el barrio de Atocha, construida y ampliada en base a los proyectos sucesivos de Langeloth, Jiménez Correa y Sainz de los Terreros), son edificios mudejarizados y habría que llamarlos en propiedad “neomudéjares”.

Pico del Pañuelo.

El neomudéjar es un estilo cuya cuna, dicen, se halló en la propia ciudad de Madrid, localidad que contiene ejemplos de la propia matriz mudéjar. Los hay también en diversos enclaves de su comunidad autónoma y lo hay en una pared de la calle San Daniel, en medio de la nada, que es lo más espectacular de todo este tinglado, es pura poesía urbana en mitad del recato que adorna habitualmente los designios de la colonia, al menos cada vez que paseo por allí.

Hasta donde he leído, el neomudéjar madrileño no parece haber recibido gran atención posterior, aunque el ladrillo ya se utilizaba de forma profusa en la capital, por lo que se podría colegir que ya existía un poderoso hinterland ceremonial. En cualquier caso, ahora me doy cuenta de lo que me mola ese ladrillo. En realidad yo creo que nunca había dejado de hacerlo. Me parece ante todo fractal, es heredero natural del románico, y, la verdad, me da la sensación de que es muy cotidiano y muy refractario en forma, aunque impermeable e impecable en su inacabado proceso de interacción social. A lo mejor, el ladrillo (mudéjar) es muy madrileño sin yo saberlo y después de todas estas experiencias me doy cuenta de que ya lo había vivido todo en algunos escenarios de mi vida, por lo que este incensario tan interesante parece ser el fruto incluso de la reciprocidad de ese pequeño gran bloque con mi propio subconsciente.

En fin, que cada uno tiene sus filias y muchas fobias arquitectónicas muy bien implantadas.

Y la M-30 otra vez

El sur del Cielo es una carcoma deliciosa. Se estaba entre bien y muy bien. Era música para la piel y brisa para los oídos -lo he redactado bien-. Sin embargo, eso es lo malo de estas derivas (no tan) debordianas en las que te dejas llevar por el aire de una tarde de invierno anticiclónica, que tarde o temprano se acaban y que dejas de escribir sobre la orfebrería de estos conceptos espaciales/especiales.

Matadero Madrid.

Matadero Madrid cerrado esta vez por festivo, en el paseo de la Chopera, y la ribera del Manzanares, abierta de par en par, pusieron fin a nuestro paseo entre –algunos- perros sueltos a medio camino de la docilidad y la pesadilla, de la realidad y de la ficción cinematográfica. Me dieron ganas de un again en el barrio de Moscardó, por el puente que cruza el mito, pero decidimos regresar a nuestro coche por la iglesia de la Beata María Ana de Jesús hasta el paseo de las Delicias.

Y nos volvimos al barrio del Pilar por la M-30, al absolutismo del sílice.

Paseo de las Delicias.

NOTA DEL AUTOR:

Si le apetece echar un vistazo a los relatos cortos sobre Molero, un tío muy particular que está obsesionado con el Metro de Madrid y que reside en la colonia del Pico del Pañuelo, puede leer en El urbano el artículo “Otro día perfecto” (junio de 2021, Fernando Sánchez), e incluso la segunda parte, que se titula Otro día perfecto II (noviembre de 2021, Fernando Sánchez), una especie de precuela de la primera.

Si, en cambio, prefiere indagar en las colonias de Madrid, puede acceder al ensayo sobre la colonia del barrio de La Concepción, titulado “Deconstruir la colonia de La Concepción” (abril de 2021, Fernando Sánchez).

Otro día perfecto: https://elurbano.org/2021/06/15/otro-dia-perfecto-fernando-sanchez/

Otro día perfecto II: https://elurbano.org/2021/11/15/otro-dia-perfecto-ii-fernando-sanchez/

Deconstruir la colonia de La Concepción: https://elurbano.org/2021/04/27/deconstruir-la-colonia-de-la-concepcion-madrid-fernando-sanchez/

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