SE VA, SE VIENE Y POR EL CAMINO SE ENTRETIENE. PROSOPOPEYA DEL «SE» O UNA ESTILÍSTICA WOK. MÓNICA OLALLA

Espacio reflexivo donde se cuecen a fuego lento nuestros pensamientos ya sean absurdos o reales, oníricos y fantasiosos. Cójase una cazuela con agua y poquito aceite y déjese calentar. Desmenuce ingredientes brillantes y hermosos que adornen después el plato y, a gusto del consumidor, conviértalo en el centro de su universo particular o en el de otros como acción recíproca intachable. Dentro de la estilística verbal, uno de los elementos más complejos y curiosos es nuestro pronombre “se”, dos simples letras que aisladas son sonidos y grafías, pero que conforman un todo irrenunciable porque usted, lector, lo nombra a diario. Matar, dejar morir y volver a resucitar para darle vida con un nuevo matiz, un nuevo ingrediente que se cuece en ese wok adelgazando o engordando nuestras dulces neuronas. La verdurita al vapor en nuestra dieta mediterránea se funde con nuestra herencia clásica mediterránea también, flotando en islas de conocimiento de Grecia y Roma donde este “se” comienza a gestarse.

Este lavar o lavarse, peinar o peinarse los cabellos el viento en una fragua lunera como diría Lorca, tiene algo de prosopopeya porque atribuye, a modo de retrato interior, lo que hacemos para nosotros mismos, recibiendo y haciendo una acción en solitario. Esto nos permite perdernos en el fondo de ese wok que, queramos o no, es un reflejo de nuestra realidad. ¡Ay los sujetos! Esa parte fundamental pero olvidada cuando esa acción se queda colgando en el aire con alfileres, con gotas de corazón malherido, espinos, serpientes, alelíes, sangre caliente que envía dalias de pésame. ¿Por qué lo llamamos sujeto y no ente? ¿por qué esa acepción causa tanto revuelo? La cortedad del vocabulario olvidando esa sinonimia que enriquece todo lo que hablamos, es decir, verduritas y especias, nos remite a una persona. Otros entes recíprocos hablan de solidaridad, conexión, colaboración, pero también de una violencia pasional que fagocita otros contextos, otros universos donde perdernos: nos abrazamos, os peleáis, se besan, se entrechocan las palmas a modo de triunfo macho alfa o con una delicadeza infinita mirándonos a los ojos.

Dentro de una teoría del espejo, como escribía Lewis Carroll, Alicia se reflejaba a sí misma. Sin embargo, el conejo de la chistera, el sombrerero o Absolem en forma de oruga azul adquirían una doble o triple imagen reflexiva y a la vez recíproca, ¿quién realiza esa acción?¿cómo afecta el paso del tiempo en un mundo de relojes crepuscular? Un Borat o Dictador en el que Sacha Baron Cohen se divierte y disfruta a través de un personaje esperpéntico e irreal. Su metro noventa y uno de estatura lo convierte en un fantoche divertido que, tomándole el pelo a Alicia, se pierde en su propia absurdez. ¿Lo ves? Otra vez nuestro “se” en su “muchedad” de sombrerero buscando a su familia con la reina roja que es su propio interior: me autoafirmo, mando en los demás, pero sin ser recíproco peinando mi cabellera y mi extraña cabeza a modo de bulbo por culpa de una hermana que sí era supuestamente recíproca… Todos la adoran y ella los adora. Yo no. No necesito nada de ellos. Un complemento directo como pronombre negativo, inconsistente, abstracto, con una realidad que solo yo conozco.

Sin embargo, en la evolución de esos sujetos hay un estadio intermedio que nos retrotrae a lo más impersonal del territorio humano. Aquí las verduritas y el wok están solos en el fondo de la cazuela en una nebulosa de no se sabe muy bien qué es. Se está muy bien aquí acompañado de algunos complementos que me bastan y me sobran. Dejo caer una sensación subjetiva, indiferente o sentida para que la reciba el que quiera a modo de pregunta retórica. Una impersonalidad que implica semánticas y aspectos pragmáticos dignos de ser abrazados: estar, poner, decir, rezar, pasar, suceder, ocurrir e, incluso, si me duele, me pica o me escuece oliendo [1]. ¡Qué dinamismo de conversación! ¡bendito aquel que alejado del mundanal ruido escoge una senda no transitada para perderse con su sujeto y su “muchedad”! Belmonte y su paisaje manchego es un jardín del Edén con muchos árboles para conversar y verdura al estilo renacentista. Olvídate, lector, de lechugas, de judías verdes o de calabacines porque esa verdura humanista es naturaleza en un sentido genérico. Se trata de vegetación, no de los productos de la tienda de la esquina. ¿Y si quiero presumir de expresividad en una determinada situación para llamar tu atención? ¡Madre mía! ¡te has comido todo el plato y no dejaste ni las migas! Afortunadas migas que, como ente, se digieren entre ellas produciendo reacciones en forma de cadenas rizomáticas, azúcares, hidratos de carbono ¿con ellas mismas o proyectando alguna sombra en mi aparato digestivo? Nunca lo sabremos en su fuero más interno, aunque el espejo de un microscopio o cámara interiornos devuelva esa imagen.

Habitamos espacios que se venden, se alquilan, se aprovechan y se disfrutan sin ser poseedores de ello. Paseando por Nápoles y su Vomero, Sorrentino le da la mano a un Dios que se identifica también con en el interior de una Ferrante, de género incierto, pero de una fuerza interpretativa y dramática de primer orden donde el “se” no es “se” …  nemmeno chiin questo momento sta scrivendo, sa se contiene il filo giusto di un racconto… [2] donde Giovanna reproduce la acción de irse de otra persona … dueanni prima di andarsene di casa mio padre[3]. Regustos circunstanciales que rodean al “se” hacia un lugar implícito para el escritor y personaje, para su desdoblamiento cervantino con un “ne” que podría ser un “ci” o un “en”. Pizzas y macarons en Fauchon. Más verduritas pasadas a fuego lento como nuestras conciencias cuando no encuentran reposo o acomodo. Vamos a añadir unas gambas al ajillo. En esta tarde de efluvios matemáticos, que no cartesianos, reivindico el razonamiento lógico abstracto como patrimonio de todos. Un espacio de debate y de reflexión al que podríamos añadirle alguna salsita picante para despertar conciencias y aguijonear los fantasmas, sábanas blancas, latas de sopa, jamón de York, platos de porcelana de La Cartuja de Sevilla en manteles de lino y almidón, planchados con primor para que cada hilo se abrace mutuamente, cubertería de plata, todo un mundo delicatessen a nuestro servicio infinito multiplicado por infinito. Esto representa para mí el “se” y en esa infinitud me identifico. Sinónimos y fenómenos de cohesión con múltiples respuestas a las que se les quiere dar una sola solución cuadriculada y pedestre. Lo despacho todo y andando que es gerundio. No vamos a discutir, “para ti, la perra chica” y “no te hagas cruces en la boca, pollo”. Ya se ha ido, pero volverá, se viene recíprocamente y ya se ha entretenido quizá no suficiente. Pero esto, lector, lo dejo para otro día.    

[1] Gómez Torrego, L. (1998), La impersonalidad gramatical: descripción y norma. ArcoLibros, Madrid, 6.

[2] Ferrante, E., (2019) La vita bugiardadegliadulti, edizioni e/o, 9. (Traducción de la autora: … ni siquiera quien en este momento está escribiendo, sabe si contiene el hilo preciso de un relato…)

[3] Ferrante, E., (2019), 10. (Traducción de la autora: … dos años antes de irse de casa mi padre…)

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