UN ESCRITO HAGO DEL QUIJOTE, QUE EN MI VIDA ME HE VISTO EN TAL APRIETO… ANDANZAS, ENTUERTOS Y METALITERATURA ¿REAL O FICTICIA?. MÓNICA OLALLA

A mi padre, soriano y machadiano 

Para Fernando, curioso y ávido lector

Leyendo esta semana una brutal zombificación de Fernando, y añado mega rizomática si la RAE me lo permite, atisbé en Midnight Cowboy algo de Ciudad de Cristal de mi adorado Paul Auster. Es un libro quijotesco que me vino a la memoria tras narrarnos Fernando su experiencia también quijotesca en 3º de BUP donde los molinos y gigantes, al final, se convirtieron en cervezas a modo de trueque. ¡Qué enigma es el cerebro adolescente! En esos años que cursaba también esta etapa del BUP, nuestras neuronas despertaban a otras sensaciones, picoteaban en la tinta y el papel. Yo era ansiosa y, con el riesgo de ser tópica, Cervantes me cautivó. Todo es bueno, todo es apetecible ya sean sus novelas ejemplares, el Persiles… Da igual. Especies rarunas donde las haya para los filólogos que campamos por el mundo. Se me ocurre un símil en versión inglesa de Los Beatles para mejorar nuestras competencias en la lengua de Shakespeare. ¿Clásicos? Ni idea. Pregúntenle a Italo Calvino o Umberto Eco. Piérdase en su bosque literario y saltando entre las copas de los pinos verá al manco de Lepanto. ¿Manco? No, solo inutilizado en parte por la sección de un nervio, arcabuces en el fragor de la batalla, pero con una cabeza privilegiada intacta que, si usted va a Madrid, le dirán dónde está o no. Las Trinitarias reposan en paz como él, estén o no sus huesos removidos, pero, ¿qué más da? En mi calle vive mi peor enemigo en una casa que corresponde a su posición. La mía es más sencilla, pero viajo mucho a Alcalá y he recorrido media España. Lope no podría decir lo mismo a pesar de que su obra levante admiración “allende los mares” en el Globe londinense. No sabía que mi barrio sería un Chiado, creo que a Don Alonso Quijano le habría gustado, aunque hay demasiada piedra, ruido y tráfico. La llanura manchega nos ensancha el alma y el corazón. Sin saberlo, me anticipo a la Generación del 98. Esta ensoñación me tiene fascinado y en un escaparate veo mi libro publicado, yo que pasé hambre y no vivía de la literatura… Misterios del destino. Al llegar la nave que ha de partir machadiana, podré recordar quién estuvo a mi lado, cumplir promesas hacia los que me ayudaron. Esa semiótica discursiva y bella que Eco relaciona como si bailasen a su son distintos personajes, autores, faunos de Mallarmé… Nada escapa a su control, a su pluma y a su diversidad. Si no existiera, deberíamos inventarlo.

Mi verano de 3º de BUP coincidió con una visita familiar al puerto de Denia donde una placa en el Paseo de Cervantes recuerda su hazaña de llegar a suelo español tras ser liberado en Argel por unos hombres vestidos de frailes. Siempre me gusta volver allí. Unos llegan y otros se van en galeotes, moriscos que han de dejar su país resistiendo con libertad. Un don que, Pere Ponce en su magnífica interpretación cervantina en “El Ministerio del Tiempo”, lanza con su lengua viperina para defender su obra inicial sin éxito. Un baile de tramoya que Lope de Vega le quiso robar y ¡menos mal! Al final, como dice el refrán, cada mochuelo a su olivo.

Noche en el Fun House, C/Palafox (Madrid). Mónica Olalla

Alonso Quijano vilipendiado, amado, adorado, ignorado y todos los participios, sean o no bizarros, jamás se agotan para este personaje. Un loco amoroso que solo entiende palabras como rectitud, coherencia y bondad a manos llenas iluminando durante años mis veranos sorianos bajo el peral que plantó mi abuelo Feliciano, con su pelo blanco espuma, denso y tupido idéntico al de mi padre. No imagino ver pastar a las ovejas o acariciarlas sin pensar en una estupenda Marcela y un Grisóstomo, producto de su tiempo que no ve más allá que suicidarse viendo fantasmas y gigantes donde no los hay. Sí, lector, aunque sea algo manido, en El Quijote hay un feminismo que en el s. XVII era impensable y que en la actualidad levanta sospechas para mentes estrechas poco dadas al debate y a la discusión. Marcela se reivindica como ser independiente, no quiere pedir perdón por ser bella o silenciosa, solo quiere descansar, que la dejen tranquila que como expresa Marwan, “bastante tienen ellas y todas las mujeres con su circunstancia para que además se las cargue de otras mochilas”. Leas donde leas, vayas donde vayas, Don Miguel te habla, te interpela y desgrana una sinfonía humana de primer orden.

Diseccionando múltiples lecturas, la riqueza semántica nos lleva a miles de libros dentro de uno solo. Si no existiera, lo tendríamos que inventar cucharada a cucharada como las papillas. Primero la leche materna, después incorporamos un poquito de gluten, más tarde algo salado, pescadito, verduritas, algo de carne, duelos y quebrantos, mojama y una olla en la Venta de Borondo. Ese salto metafórico que te transporta al más allá viajando en taxi. Una geografía de yellowcabs por Manhattan y un De Niro de medianoche setentero. Daniel Quinn perdido en una ciudad de cristal misteriosa que se abre paso a lomos de un Rocinante etéreo. Juego de letras y palabras D. Q. en la que el propio Auster participa. Direcciones concretas de calles que siguen la organización geográfica, es decir, 37W28E o el cruce de la primera con la segunda que sugieren la ciudad como caos, pero a la vez como espacio inagotable de sensaciones muy opuestas entre sí. Un espacio comprimido en La Mancha que Don Alonso Quijano se le antoja corto y eterno porque el “desfacer entuertos” lleva su tiempo. El reloj de la Estación Central de Nueva York da las 10.00 horas de la mañana. Un imaginario en el que la noción del tiempo gramatical enreda la trama con pedacitos de flashback muy moderno y actual. No hemos inventado nada. ¿Cómo Auster conoce Daniel Quinn o su Don Quijote particular? ¿Auster se deja conocer completamente? ¿Es el autor de su libro igual que Cervantes juega al despiste hablando de Cide Hamete Benengeli?

Mónica Olalla leyendo en su infancia. Imagen tomada por su propio padre.

Juego de autores como lectores, espectadores y receptores en un contexto pragmático soberbio. No entiendo el Quijote, no comprendo este lío de capítulos, tramas y texturas endemoniadas. Es algo entendible. La fuerza visionaria de Cervantes se adentra en nuestra cabeza poniéndonos frente a nuestras miserias, nuestra infelicidad, y nuestras noches de alcohol que son mañanas de Paracetamol. Si la metaficción no existiese, habría que inventarla. Es en esa Mancha donde hay un símil de presentación implícita en la que Cide Hamete Benengeli no puede entrar, ¿será quizá porque desconoce esa sublime sintaxis escondida tras ese enunciado “En un lugar de La Mancha…”? Sintaxis escondida que juega con tu sorpresa para saber quién demonios vivía en ese lugar que no quiero recordar porque después, Cervantes te da la oportunidad de conocerlo. Ese sujeto “hidalgo” al final rompiendo la lógica, quebrando esa estructura bidimensional dentro de una oración subordinada. Me encuentro un manuscrito arábigo “a lo loco” porque no soy el autor de nada: primer juego del despiste. Enfrentarse a un folio en blanco descifrando el metalenguaje. Cuando los diferentes planos se superponen crean una quiralidad química de izquierda y derecha que nos lleva a un espejo, imágenes especulares donde Cervantes narra varias historias a la vez: marco narrativo de Alonso Quijano versus las observaciones de su personaje que se construye a su vez como tal. Un esquema constructivo con este diagrama:

Solar (lugar)-materiales elegidos-hormigón, cemento

Texto/edificio-ladrillos/palabras-unión de materiales

Un manuscrito perdido como técnica literaria similar en una farmacia de Almendralejo que cuenta la desdichada y truculenta historia de Pascual Duarte. El gore ya se inventó hace años…

Desde la primera letra Cervantes es la delicia hecha libro, una magdalena de Proust que hay que degustar poquito a poquito. Un trozo ahora. Otro más tarde y con una cucharilla rebaño las migas para no dejar ni las sobras. Nunca nadie ha dotado de tal identidad y libertad metaliteraria a un personaje recién nacido de su cascarón. No le mata al estilo de Augusto y la nivola de Unamuno. Deja que la corriente de la vida llegue a su fin, a la enfermedad, a la vejez, al cansancio.

San Saturio y río Duero (Soria). Mónica Olalla.

¡Cuánta intertextualidad! ¡Cuánta fiesta y jarana a partes iguales! Intertextualidad multiplicada a la enésima potencia. Cervantes entra y sale como le da la gana y nos deja sin habla. Una Mancha de charanga y pandereta, ¿por qué no? Y si no, que se lo expliquen a los cómicos, al Quijote de Avellaneda, fraudulento y vacío como una cabeza hueca. Nadie copia a nadie, anticipo del copyright y del plagio, pego y corta de la inteligencia artificial y la Wikipedia. A este sí que lo mato porque Alonso Quijano solo hay uno. Por fin encontramos nuestro sitio, nuestro acomodo que se abre a múltiples interpretaciones. Nunca deja de sorprenderme este gigante volando en las aspas de molinos de tinta. Siempre río, lloro, me conmueve de una u otra manera y lo hago mío. Su lectura me hace creer en el ser humano, en que todo es posible, en que hay un rincón donde recogerse y conectar con quién deseo. Esté donde esté: Madrid, Soria, Cuenca, Jerusalén, Ammán, Túnez, cualquier país de Europa, incluso la frontera argelina, ese puerto desde el que regresó a su país. Prepárense que el viaje empieza.

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