NOTAS SOBRE TÚ ME HAS PREGUNTADO Y NO TE HE DICHO NADA, DE FERNANDO SÁNCHEZ. HERMINIO LEBRERO

Conocí a Fernando poco antes de su primera y, como la segunda, radiante paternidad y al contrario que el título del libro, yo no le pregunté y tampoco él me contó nada sobre el mismo. Yo prefería desconocer todo lo relativo al argumento de su novela, ayudado, o incluso motivado quizás, por la lacónica cubierta donde una austera tipografía en blanco resaltaba sobre un fondo totalmente rojo.

Tú me has preguntado y no te he dicho nada no es un libro fácil de leer, y la verdad es que nunca he tenido claro si en una obra literaria eso es bueno o malo. Al comienzo de su lectura, exige un esfuerzo voluntario y decidido que dura hasta que se comprende que esperar un giro dramático o una aceleración de la acción es inútil, el libro tiene, lleva, una cadencia propia. Si el lector es capaz de acomodarse a ella, entonces se empieza a percibir qué es lo que está leyendo.

Tardé bastante en saber de qué hablaba el libro, puede que todavía no lo sepa. Cabe, también, la posibilidad de que no trate de nada en particular, sino de que los personajes, lugares y situaciones que lo componen lo hagan a modo de instantáneas o de retazos donde el vino es normalito o de cartón o hasta del “Día” de abajo y el miedo y la incertidumbre igualmente tienen motivaciones espantosamente corrientes. Aunque no creo que pueda, ni deba, hablarse de costumbrismo en este caso. Tampoco es posible para el lector encontrar una estructura narrativa clásica: Tú me has preguntado y no te he dicho nada es un nudo continuo salpicado de algunas, pocas, introducciones y sin ningún desenlace concebido como tal, exactamente igual que  el  ordinario devenir que recorre. Un devenir escatológico y terrorífico con el que todos deseamos no encontrarnos jamás, pero que está ahí.

Así mismo, no hay lugar para la más mínima épica más allá de los temas y grupos tan caros al autor o de alguna cita filosófica.  Por el contrario, el humor, sin abundar, sí está presente. Un humor particular que nace de lo común:

Y el tío Manolo, que había hecho acto de presencia a eso de las 8 menos cuarto, le dijo a Paqui que él estaba allí “para lo que necesitaran”. La Paqui le recordó que hace tres años le necesitaron cuando  ella se puso enferma y allí no apareció ni él ni nadie de su familia y el tío Manolo abandonó el tanatorio a las 8 menos dos” p. 67.

Humor y, sobre todo, referencias a una cotidianeidad prosaica, casi vulgar, que  invariablemente remite al lector a  escenas  de su propia cotidianeidad tan prosaica y tan casi vulgar como la que exuda el texto que acompaña el tema central de la novela y del que nunca se quiere hablar. Rasgos ambos que suponen algunas de las características más reconocibles de la escritura de Fernando. Todo ello a través de una cuidada y escogidísima prosa, a veces alambicada, pero nunca barroca, que se alterna con otra extremadamente desnuda, rayana al feísmo.

Pudiera ser, sin embargo, también que todo lo anteriormente expuesto ni se aproxime a lo que verdaderamente hay en Tú me has preguntado y no te he dicho nada. Puede que en realidad, y en el fondo, sea la obra de un sentimental que, a través de la devastadora experiencia vital del personaje de Enrique (¿Alter ego o Döppelganger de educación secundaria?), busca asimilar sus lugares de presente con aquellos en los que ya estuvo, estableciendo comparaciones y analogías imposibles entre extrarradios y periferias tan diferentes como iguales. Extrarradios y periferias urbanas y humanas a las que vuelve una y otra vez, aunque a lo mejor siempre esté intentando retornar a la misma. Quién sabe…  Fernando me contó una vez cómo un conocido común, un pintor no figurativo amigo suyo, tras una exposición, había acabado convencido de que su obra no era lo creía en un principio, sino que sólo a través del público es como había llegado a entender lo que sus pinturas contenían en realidad. Así que yo ya he decidido cuál de las interpretaciones de Tú me has preguntado y no te he dicho nada es la correcta. Desconozco si Fernando también lo sabe…

Herminio Lebrero, profesor del I.E.S. Fernando Zóbel (ciudad de Cuenca) e historiador.

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