SINTAXIS DE LA PORTADA DE «EL ETERNO FEMENINO» (LA MODE). MÓNICA OLALLA Y FERNANDO SÁNCHEZ

Imágenes tomadas de Pinterest/Pin en MUSIC: Album Cover Art.

La Vía Láctea y Rock Ola: Mónica Olalla.

A Lina, siempre lectora, siempre alegre y siempre mi mami.

Mónica Olalla.

Mónica dice:

«Ante la observación gozosa de rectas y colores, me desplazo mentalmente a una noche oscura del alma en que decidí plasmar una obsesión sintáctico-femenina en la eternidad más absoluta. Adverbios, adjetivos, sustantivos y demás categorías desfilan a sus anchas como un ejército sinfónico galdosiano delante, detrás, más grandes, más pequeñas, pero siempre con amor y con cariño, queriendo salir al aire. Un leve parpadeo como sintagma nominal se apoya en su complemento que, rizando el rizo, quiere reducir su rostro a un ser anguloso y ochentero recién salido de un concierto en “La Vía Láctea” … ¡Qué bellos momentos allí! – diría el sujeto elíptico que, a fuerza de no estar, pero sí de existir, dejó su huella en cada parte de su predicado. ¿Realmente una elipsis es un algo implícito? Lo sintáctico es vida, aunque no lo veamos y dentro de su discurso engloba un sentido pragmático que no se entiende sin la disposición de sus mismos elementos. La Mode se distribuye en rectas, paralelas y perpendiculares en un sueño de verano muy femenino, por supuesto, pero atravesado de purpurina incandescente. Esos días de vinilo que no volverán sino con otro formato igualmente apetecible y sensual.

Los labios lanzan extraños boomerangs que son un complemento directo del enunciado, por ello, la relación-función F de arrojar contiene una serie de términos actantes con una forma canónica deacciones resultantes o implícitas, véase boomerangs, rayos azules o espejismo de cristal frontal que, a modo de persiana, crea un espacio circunstancial que nos responde a la pregunta ¿dónde? o ¿desde dónde? Algo oculto se mueve en ese rostro que está velado cual atributo en una oración de predicado nominal: parece hermosa, galáctica, infinita, eternamente psicodélica como muchos modelos de esos años que se movían entre la modernidad absoluta y la perplejidad de ruptura… Quiero ser santa, quiero ser beata… Como la Bruja avería de La Bola de Cristal, otro complemento esta vez preposicional de una esfera que me hizo muy feliz en mi adolescencia.

La relación objeto (O) y sujeto (S) se nutre de galaxias cromáticas con cierto toque futurista que hablan de un complemento de régimen muy necesario a través de conjunciones en una representación lógico-semántica abriendo todo un caleidoscopio de la música moderna. El predicado es ahora el boomerang de nuevo creando distintas sombras, pero el “ser” como conjunción quiere meterse en un mundo rojo, cual planeta Marte, que choca a izquierda y derecha con dos columnas negras, no de cieno y sin huracán de palomas como decía Lorca desde Nueva York. Es una sombra que va hacia algo y es a alguien a quien quiere conmover desde su trono de complemento indirecto, ¿conjunción (^) o disyunción (/)? En realidad, esta área se construye a base de oposiciones que vuelven a pronunciarse desde la feminidad más absoluta, pero siempre evolucionando y mejorando lo presente, no importa su orden ya sea simbolizando o transformando: (S/O) — (S ^O) – (S^O) — (S/O).

Por otro lado, la semiótica de la acción como sujeto con sus objetos modalizados, deseables y necesarios y el sujeto operador con la acción que ejecuta, aparece dentro de lo real y lo ficticio. Ese cuadro inferior tipo Pollock a medio hacer apunta a un mundo sideral como StarWars y esa negrura poblada de luces a modo de ovnis, inquietan porque se les podría añadir tantas oraciones subordinadas como queramos. ¡Qué aspaviento provocará en su seno tanto romance! Una viñeta de cómic con un trazo potente dibuja la erótica nocturna: observamos a esta chica bailando con su pecho descubierto y ella como el boomerang del complemento directo quiere ser predicativo porque llega feliz, divertida y se siente como un verbo semicopulativo que, aunque parezca semi nominal, reivindica su espacio sintáctico. Tímida y seductora, muchachita, muchachita, déjame entrar en tu juego, la ciudad es un tablero… bajo una decoración de discoteca donde no hace falta más luz que la de tu cuerpo enamorada de la moda juvenil o siendo una enfermera de noche.

Cuando el barco rojo del fondo en forma de subordinada adverbial surque el océano de las palabras, nada quedará abandonado, todo encontrará su sentido. Subiendo y bajando como gerundios de perífrasis descompuestas, las pirámides de mi Tetris particular no encuentran reposo y la malla isométrica que las da textura, las deja flotar, así, adverbialmente amorfas pero muy contra argumentativas. Quiero refutarlas quiero subordinarlas a su enlace y término creando algún sintagma preposicional que quiera acogerlas en su jaula. No, no encuentran respuesta que quiera incidir en su base, ni en su cateto ni en su hipotenusa si tuvieran todo eso. Condicionalmente hablando, si que no sí, ojalá o quizá como duda sembrada en su más allá, se moverán entre paradojas, “ande yo caliente, ríase la gente”.

No puedo dejar de caer en la pura analítica sintáctica para incluir tizas de colores o segmentos cortados. Ellos solos disponen una orden o mandato enfático, solo yo rojo a la izquierda hablo de algo marcando un régimen como mi complemento que se hace único, aunque austero frente a la polimetría del grupo al que domino. Si marcásemos una estructura textual dentro de su universo micro, los bordes azules y rojos se alternan en A-B y B-A y ¿el resto? Vanidad de vanidades como decía el Eclesiastés, mezcolanza, variedad, música en tus oídos.

¿Y si prescindimos de lo oracional y proponemos enumeraciones misteriosas? No siempre se pueden contar los puntos negros sobre un fondo blanco y ese cuadro que coge al vuelo un pedazo de boomerang bailará siempre con nosotros. Vivamos pues y gocemos de estas condiciones mentales nada susceptibles de análisis como la canción de Roxy, Rock Ola o la fuente de los peces de piedra con el Zurdo de fondo.»

Fernando dice:

«1

Hasta que le escuché en su preciosa y salvaje conferencia, que fue como adquirir honestidad a precio absolutamente de saldo, yo tenía la extraña idea de que un bodegón era un descafeinado subconjunto metatarsiano de alimentos y objetos expuestos en una superficie más o menos concreta (me quedaba hasta entonces con los toldos negros de las criaturas). Sin embargo, en la inspiradora Cotán en el metaverso (en la R.A.C.A.L. de Cuenca, 1 de marzo de 2022), el visionario/realista Rubén Fernández –ya mencionado en este blog- nos propuso un muy intuitivo aislamiento de las “cosas mismas” y defendió ese mismo bodegón como la abstracción/expresión de uno mismo en un alarde de metaalteridad (pintas a la banda, pintas paisajes). Y yo sentí que con esas cosas tan “mismas”, retornaba con paso firme al cauce de la introspección en el rodal de la planicie transestética.

Y Mónica Olalla, al hilo de un texto que elaboré con mis familiares Rían y Jota sobre el videoclip La evolución de las costumbres (La Mode) editado en El urbano, me propuso un análisis morfosintáctico a dos bandas de la portada de El eterno femenino, primer álbum de ese grupo de pop perteneciente a la Movida madrileña.

La Mode, en definitiva, había venido para quedarse.

2

Una de estas naturalezas muertas de resabios postmodernos -no fue otra que la pregunta/respuesta de un interesante artista llamado Arturo Comas- me sirvió de punto de partida para el buceo a pulmón libre en este neobodegón de la Movida, que viene determinado por el concepto de El eterno femenino, a medio camino de lo naïf y de la estética de ese maravilloso film de culto que fue el inefable, inclasificable Tron (1982) y que yo veía en mi infancia como un cómic, un juego (acaso una protosensibilidad decididamente lúdica hacia el proceder con esas cosas y por supuesto como el fruto de una deferencia más bien gif para esta indescriptible portada).

El eterno es espacio sustrato, que viene dibujado por Fernández Mallo como un lugar de carácter simbólico o físico performativo con “puntos singulares […] atractores del propio relato: el yo individual y el yo colectivo, puntas y bordes en lo que antes era una tranquila y estable superficie. Pero el yo no sólo está en nuestros cuerpos, también puede existir en los objetos. Con razón decía Italo Calvino que hay que tener mucho cuidado con los objetos que introducimos en una novela: como si fueran personajes –como si fueran verdaderos yoes– de pronto concentran toda la atención, y siempre que reaparezcan el lector tenderá a indagar ahí” (Teoría general de la basura, p. 65). De esta forma, en esta coyuntura mediática, lo mejor de esta fachada es que se puede retornar a sus principios plásticos cuando uno quiera, acaso con nuevos puntos de vista, en este juego de yoes entre la piba de esa portada, entre las jóvenes de abajo y por supuesto entre la exuberancia conceptual de los miembros creadores de esta singular propuesta.

Por ese motivo, tomando como evidencia PDF el punto de vista del pintor y profesor Fernández, la soledad de la mujer de arriba a la izquierda podría ser incluso la plasmación de… ¡un bodegón en sí mismo! De ahí la bodegonización de esta historia interminable en los términos que ha dictaminado el propio Rubén, que ahí lo dejó y que deslumbró, como siempre, en aquella conferencia del mes de marzo en nuestra Cuenca.

3

Como deducción de esa sustratización ostensible, si bien esta portada es de carácter tremendamente ecléctico, sería un error considerarla como un collage (o grupo de manzanas, botella de vino y perdices) porque esa proposición es potentemente ochentera y a la vez del mismo futuro con extrema lucidez, con esa interesante combinación de elementos geométricos y orgánicos y esas gafas/metaverso en la cabeza de las (cíber) mujeres de abajo, que por supuesto parecen ser un preludio de los terapéuticos y siempre referentes Daft Punk (Francia, 1987). Cada cual se lleva las cosas a su terreno, por eso si le digo a usted que los poliedros que se suspenden en el espacio me recuerdan por otra parte al Leviatán de la saga Hellraiser, la cosa a lo mejor se pone chunga.

Llegados a este punto, en el peor de los casos no me queda más que concebir todo este tinglado como un bodegón futurista/espacial/multidimensional. El sombreado de los boomerangs y las líneas del bloque de la derecha traen consigo un ingenuo y a la vez interesante bajorrelieve. Y debajo, se ha creado una especie de garito premetaversificador, con esas mujeres de la Movida del punk futurista. Y con la boca de la señora de arriba, muy al estilo del Angus Young de Highway to hell, habría de concluir que, en fin, todos somos hijos de madre y padre.

4

En este alegato contra lo genérico e insubstancial, las tres mujeres o tres cibermujeres que me recuerdan tanto en concepto a aquellas carnosas y graciosas Tres gracias de Rubens (en otra excelente reinterpretación esotérica), dejan en el diseño de esta portada un mensaje poético que se deja analizar/“la EVAU estaba fácil”, dicen.

Cuando el atributo se transforma en suplemento y el complemento indirecto coquetea con el circunstancial de modo, si aplicamos los principios del imprescindible Queneau en su inolvidable 99 ejercicios de estilo, se podría decir en una segunda tentativa que la portada está súper bien currada y que mola un montón, que es un exoesqueleto fractal en el que (como falta “Alien”, que diría mi amigo Dativo) se ha producido el llegar a ser del componente puramente urbano o más allá de lo urbano de aquella inolvidable Movida, bar distópico, mediante.

Escucho Aquella chica (¿de la portada?) en honor a Riánsares Muñoz –Rían– y a sus modismos taranconeros, y también El eterno femenino como puede resultar hasta preceptivo (y progresivo, de verdad). Y sin que nadie me tutorice esta algarada experimental de Spoken word, lo siento.

No es un ornamento, El eterno femenino se deja besar. Por ello dedicamos este análisis rizomoevolutivo a doña Lina Sánchez, madre de Mónica, y esperamos que el texto dure para siempre y que, por supuesto, con sus “robots, mujeres, reinas y ciudades” resulte desde sus adentros eterna y altruistamente femenino.»

OTROS ARTÍCULOS DE MÓNICA OLALLA PUBLICADOS EN EL URBANO:

Lector, añade el título que desees o no…: https://elurbano.org/2021/05/28/lector-anade-el-titulo-que-desees-o-no-monica-olalla/

El castillo de los destinos cruzados de Italo Calvino: una ensoñación narrativa: https://elurbano.org/category/la-otra-calle-otros-textos/

SOBRE LA MODE:

Para saber más sobre La Mode, puede leer el artículo publicado en El urbano Sobre el videoclip «La evolución de las costumbres» (un paseo con La Mode): https://elurbano.org/2022/02/03/sobre-el-videoclip-la-evolucion-de-las-costumbres-un-paseo-con-la-mode-juan-bautista-crespo-riansares-munoz-y-fernando-sanchez/

Si desea escuchar la canción El eterno femenino: https://youtu.be/zNe_Hsy3lqs

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