Brindemos por el sentimiento de inanidad.
No hace mucho he tenido un amago de resurgimiento en aquello de escribir. Mejor dicho —bien dicho— de repasar lo escrito, de ver si tuvo y tiene sentido, validez, calidad o, simplemente, un mínimo de criterio. Por razones de vida dejé aparcada esta faceta literaria, a la que ahora me asomo con la prudencia del novato y el temor del cobarde.
A pesar de los muchos fracasos, la perseverancia se muestra terca, insiste en el empeño y busca amparo en la experiencia. Ella puede y debe ser aliada para los que contamos con un talento discreto. Ya cobró sus tarifas en moneda de errores, por lo que sean bien recibidos sus servicios a modo de contraprestación.
Uno mira el mundo editorial con vistas a la publicación, y descubre que ese mundo aún no ha girado lo suficiente como para que haya rotado su lado más gris. Los mismos engaños, los mismos silencios, los mismos circuitos. La inmensidad de internet, el océano de Amazon, los islotes de los autodenominados indies, el poderío clericomafioso de los grandes grupos absolutistas. Nada nuevo bajo el sol manchego que nos tuesta la piel a los paletos. Los mismos perros, las mismas pulgas y, acaso, algún collar de color diferente.
Pero yo quería asomarme de nuevo y probar el amargo sabor de la derrota. En ocasiones, siento un impulso absurdo que me lleva a luchar batallas siendo consciente de que no puedo ganarlas. ¡Hasta la derrota siempre! Con dos cojones. Y así, con este buen ánimo de quien va contento al sacrificio porque lo hace voluntariamente, decidí rescatar uno de mis textos más personales, a sabiendas de que por tal circunstancias sería el más arriesgado de someter a evaluación. No importaba. El objetivo no era la victoria, sino disfrutar del camino hacia la derrota. En esta lid, mi escrito más particular sería mi espadachín.
Así, me decidí a gastar una cantidad indecente de dinero en un ITL (informe técnico de lectura) que encargué a una de las más prestigiosas agencias literarias españolas, regentada por Sandra Bruna. No voy a aburrir al posible lector con detalles técnicos u otras consideraciones que no aporten valor aquí, pero sí mencionaré algunos pasajes del resultado de dicho informe. En concreto, aquel que más me interesaba, el que medía la calidad literaria de la obra entregada, ubicado hacia la página 16:
“La obra presenta una estructura sólida y un potencial notable, especialmente por la manera en que retrata con precisión el mundo rural: no solo a sus personajes, sino también a sus costumbres, leyes internas y hábitos cotidianos, todavía reconocibles en la actualidad. Este universo verosímil se sostiene gracias a un conocimiento profundo del entorno campesino, que aporta autenticidad y densidad antropológica al relato. A ello se suma la habilidad del autor para equilibrar tragedia y humor, un rasgo que ameniza la lectura y mantiene el interés sin diluir la gravedad del trasfondo. La presencia constante de la muerte como oponente silencioso, añade tensión y profundidad emocional, convirtiéndose en el eje que articula las reflexiones del protagonista. El resultado es una novela que combina sensibilidad, lucidez y un dominio del tono, justificando una valoración de 6/7 por su solidez y su amplio margen de crecimiento. No obstante, deben trabajarse cuestiones estructurales clave, el arranque inicial […]”. ITL. Informe Técnico de Lectura. Bruna Talent. F260029 I Mayo de 20262. Palabra de paleto I Fernando Castillo Pérez
La agencia Bruna Talent considera justificada una puntuación de seis sobre siete como valoración literaria. Este dato me sorprendió, pues al tratarse de un servicio profesional no hay margen de complacencia por cuestiones de amistad. Sin embargo, cuando refieren en su informe la posible comercialización de la obra, encontramos lo siguiente:
“16. Valoración comercial 4/7. Desde una perspectiva comercial, la obra tiene un público potencial claro: lectores que disfrutan de relatos ambientados en el entorno rural español, con un tono que combina dramatismo humor costumbrista y una mirada íntima hacia la muerte. La novela ofrece diversión, emoción y un imaginario muy reconocible, elementos que suelen funcionar bien en segmentos de lectores atraídos por lo local, lo tradicional y lo humano. El humor, de marcado carácter español, aporta frescura y puede resultar especialmente atractivo para quienes buscan una lectura ágil y con personalidad propia. Sin embargo, el manuscrito también presenta riesgos comerciales: la caracterización soez y explícita de algunos personajes, especialmente en lo referente a las mujeres, puede ofender sensibilidades contemporáneas y limitar su recepción en un mercado cada vez más atento a estas cuestiones. Por ello, aunque la obra posee un potencial real dentro de un nicho específico, su viabilidad comercial plena dependerá de cómo se trabajen estos aspectos y de la capacidad del texto para equilibrar autenticidad rural con sensibilidad actual”.
Obtiene una nota de cuatro sobre siete, y para razonarlo afean que el texto pueda ofender sensibilidades contemporáneas. En esencia, lo que nos viene a decir la agencia de nuestra amiga Bruna es que el panorama cultural y literario actual no demanda conocer las características de un paisaje humano y su territorio, ni encuentra valor en la calidad narrativa de una historia, sino que es ineludible edulcorarlo todo para que no irrite los delicados paladares de nuestra sociedad.
Bien, en este punto tengo que decir que el cuatro sobre siete obtenido en el apartado de valoración comercial es el mayor orgullo que me llevé del informe entero, por encima de la buena nota de calidad literaria (recordemos, un seis sobre siete) y, además, me hace reflexionar positivamente sobre la integridad del informe en su totalidad.
Poco después, comprobé que podría haber realizado este mismo ejercicio con figuras emergentes en el mundo editorial/cultural/literario como Paula Eseiza, quien realizó un informe de lectura parcial de la misma obra. Del resultado de dicho informe se desprende una alta calidad profesional, y coincide en lo mollar con el carísimo informe realizado por la agencia de Sandra Bruna.
He aquí mi derrota final. El texto no tiene muchas posibilidades de publicación debido a que está fuera del entorno sociológico y cultural actual.
Qué gusto. Qué honor. Qué orgullo ser catalogado como un no actual. Qué libertad. Qué alivio cultural. Qué sonrisa en mi rostro poco agraciado.
Qué vanidad aflora de pronto en mis raíces paletas.

