UNA DE LAS SEÑAS DE IDENTIDAD DE COPENHAGUE. ENRIQUE SÁNCHEZ

No me preguntes por qué, pero siempre me han despertado mucha curiosidad las comunidades hippies que aún nos vamos encontrando por el mundo. Algunas más cercanas, como las de Las Negras y su vecina Cala de San Pedro, en Cabo de Gata, y otras más lejanas como el vecindario de Haight-Ashbury, cuna del movimiento hippie de San Francisco.

Pero ninguna parecía comparable a Christiania. Esta reserva europea del movimiento hippie se presentaba como una comunidad fundada en 1971 y proclamaba los valores propios de dicho movimiento: libertad y anarquía.

Christiania nace cuando un grupo de personas decide ocupar unos antiguos barracones militares en pleno centro de Copenhague. El caso es que aquel grupo se vino arriba, se declaró independiente de Dinamarca (y de la Unión Europea) y ha crecido hasta llegar a estar formado por unas 1000 personas.

El consumo de marihuana y drogas blandas aparece como denominador común de todas estas comunidades, pero eso empieza a dejar de ser un elemento diferenciador, por lo menos en las que se asientan en los EEUU, donde ya puedes llegar a conseguir cannabis a la luz del día en presencia del resto de transeúntes en pleno Times Square

La verdad es que en Christiania todo parecía muy bonito sobre el papel: áreas de juego para niños, espacios libres verdes, restaurantes veganos, centros de yoga, talleres, etc. No sé si fue porque todos los locales estaban ya cerrados cuando llegamos un viernes por la tarde, pero lo único que vimos fue un mercado de drogas blandas a plena luz del día. Eso y los bares deben de ser los únicos comercios que no cierran por las tardes.

No en vano la calle por la que transitamos ese día se sigue llamando Pusher Street (la calle de los traficantes). Y entendimos enseguida por qué en esa zona de Christiania estaba prohibido hacer fotografías. Los dealers querían conservar su anonimato y el de su negocio.

Otro de los principales “atractivos” de la comunidad es que la bebida está más barata aquí que en la vecina Copenhague. Y eso no deja de ser un punto fuerte para los turistas en una ciudad donde una cerveza cuesta unos 6 euros.

Es una pena que esos sean los principales reclamos que se conozcan de Christiania. Y desde luego, no sé si fue porque teníamos las expectativas muy altas, pero la experiencia fue algo decepcionante. Nada que ver con el espíritu alegre y festivo que vimos en San Francisco o con el ambiente más sano que percibes en Cabo de Gata, en España.

Aquí, el clima que vimos ese viernes por la tarde fue más bien sórdido, potenciado por el paulatino abandono y deterioro que vienen sufriendo los diferentes locales en los que viven y trabajan los miembros de la comunidad.

El futuro de esta comunidad parece algo incierto ya que los fundadores de la comunidad, los que ocuparon aquellos cuarteles militares, están ya próximos a la edad de jubilación. De hecho, algunos de ellos se han ido ya como consecuencia del incremento del precio del alquiler derivado de los sucesivos tiras y aflojas que la comunidad lleva teniendo con el Gobierno de Dinamarca desde su creación.

En cualquier caso, no deja de ser una particularidad que distingue a la ciudad de Copenhague del resto de ciudades europeas. Así que, si tienes tiempo de visitar la ciudad, no dejes de acercarte un rato. La Ciudad Libre de Christiania se ubica en el céntrico barrio de Christianhavn y es de muy fácil acceso. Además. se organizan tours guiados todos los sábados y domingos a las 15:00 horas y cuestan 60 coronas danesas por persona.

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